domingo, 17 de septiembre de 2017

Cuarta temporada de Bojack Horseman. Caballo eres una mierda, pero no cambies




Lejos de cualquier guion predecible, la serie animada para adultos de Netflix creada por Raphael Bob-Waksberg ha llegado a lo que considero su cenit creativo en esta cuarta temporada. Mantiene fielmente su profundidad emocional que la caracterizó como una de las series más depresivas de la televisión actual, pero esta vez juega de manera más osada y perspicaz con la sátira, el humor absurdo y en general la buena comedia en cada uno de sus capítulos.
  
Bojack con una misión


Las temporadas pasadas de Bojack se enfocaron mucho en los aspectos miserables de sus personajes, entregándonos una interesante galería de cínicos y mordaces protagonistas que intentaban sobrellevar el sinsentido de la existencia a partir de la evasión en sus distintas formas (el trabajo, el alcohol, las drogas, el sexo irreflexivo, no tomar en serio nada, vivir en un constante delirio) sin embargo, la serie solía concluir con una luz de esperanza que lentamente se desvanecía a cada nueva temporada. ¿Cómo romper con ese patrón que ya se hacía repetitivo? La tercera temporada, aunque jugada en algunos capítulos, resulto un poco pastiche de sus dos temporadas anteriores y ese final con Bojack contemplando a un grupo de caballos corriendo en medio del desierto, y con la  inminente llegada de un personaje que le reclamaría paternidad, pues parecía un calco de la temporada anterior y personalmente me hacía prejuzgar que la cuarta temporada no cambiaría mucho la dirección, pero que bueno que me equivoque.

La temporada comienza con un Bojack desaparecido, como siempre, huyendo de la vida y buscando autocompasión de sí mismo, pero pasa algo interesante, un giro que no se había dado en temporadas anteriores. Esta vez Bojack se acepta, acepta la mierda de persona (caballo) que es y ya no hay marcha atrás. Esto se ve en varios momentos, por ejemplo, en el capítulo 2 donde se devela que termina viviendo en la vieja y derruida casa de sus abuelos en un pueblito perdido en medio de la nada, ahí conoce a un vecino mosca que le termina ayudando (primero a regañadientes) a reconstruir la casa, en determinado momento Bojack descubre que la mosca tiene miedo de volar y Bojack intenta ayudarlo, pero como de costumbre la caga y descubrimos que la mosca también odia su vida y carga con un trauma personal. Bojack entiende que todo lo que intenta salvar lo destruye y al final del capítulo decide destruir la casa que le tomó año y medio reconstruir, demostrando que ya no le importa cambiar en lo más mínimo, que sólo vivirá en el presente, quizás entendiendo que no puede arreglar realmente nada de su pasado, de esta forma Bojack se acepta, se entiende y se comprende a sí mismo, una madurez extraña ya que sigue siendo el toxico de siempre. Esto lo reafirmamos cuando vuelve a hablar con su amigo Todd quien le dice que prefiere mantenerse alejado de su compañía porque así está mejor, Bojack lo comprende y le dice sin ningún ápice de molestia que lo entiende.


Pero la trama ofrece momentos bastante oscuros, entra a la historia como pieza clave de la temporada la madre de Bojack que antes habíamos visto en algunas pocas escenas y flashback del protagonista. En esta temporada tiene un rol crucial, conocemos su pasado y las razones de su frialdad las que generaron a su vez la mierda de persona (caballo) que es Bojack al desacreditarlo durante toda su vida. No quiero revelar mucho sobre la historia de la madre, pero es realmente fuerte y quizás el punto más dramático de toda esta temporada y al mismo tiempo nos muestran la faceta más solidaria de Bojack, dándonos otro enfoque de su relación con su madre que durante toda la temporada parece perdida, pero que descubriremos en un punto que no es tan así. A esta verdadera familia disfuncional se le suma Hollyhock una adolecente de dieciocho años que dice ser hija de Bojack, obviamente todo parecía indicar una lógica que se repetiría: Bojack demostraría ser una mierda de padre y la decepcionaría. Pero contra todo pronóstico las cosas se dieron de modo muy distinto, primero que todo porque Hollyhock no está interesada en Bojack como padre sino que quiere llegar a su madre a través de él, por lo que la relación de ambos termina siendo más de camaradas y aunque Bojack es un desastre de persona al final demuestra no ser tan egoísta, gracias a Hollyhock. Todo esto de manera muy orgánica y sin moralinas de por medio. Bojack ha evolucionado como personaje al punto que en esta temporada ha terminado él dándole consejos a sus amigos, aunque claro, lejos de alcanzar un equilibrio estable, sin embargo, esta temporada de manera subyacente nos revela que Bojack ha encontrado una misión ¿Aceptarse?, ¿Ser un buen padre?; ¿Hacer las paces con su madre? No sabemos, pero queda claro que nuestro equino ya no va a caminar por la vida dando tumbos a tientas buscando un propósito, aunque claro, eso no quita que de vez en cuando pierda toda la tarde alcoholizándose.
 
La sátira social más acida que nunca

 
Por fuera de la historia de Bojack esta vez la serie nos ofrece unos muy agudos dardos de humor negro hacía la sociedad, si antes Hollywood y la industria del espectáculo eran el blanco continuo de los ataques mordaces de los guionistas, esta vez la coyuntura global de nuestra tragicomica realidad parece ser la excusa propicia para las burlas, siendo los personajes secundarios los principales responsables de esto. Ya sin Bojack rondando sobre sus cabezas, Tood, Diana, Princesa Carolyn y en especial Mr. Peanutbutter toman mayor peso con sus propias historias. Por su parte Diane parece ser la única preocupada por Bojack y su desarrollo como personaje es un poco soso (bueno este personaje siempre ha sido así) llevando todo a una silenciosa crisis matrimonial que eventualmente explota. Por su parte Princesa Carolyn comienza a incompatibilizar su carrera profesional con su vida personal, es incapaz de tener hijos y eso le produce un vacío terrible en el corazón, más de lo que se imaginaba, la gata protagoniza uno de los capítulos con clifhanger más devastador de la temporada. 

El desenlace trágico de estos personajes demuestra que no tiene que estár necesariamente Bojack sobre ellos para joderles la vida, el problema está en ellos mismos. Por su parte Mr. Peanutbutter toma realce como un gran personaje, se podría decir que junto a Tod formarían parte de aquellos personajes de relajo que hacen un poco más soportable la trama, por lo mismo sus intervenciones son las más memorables ya que permiten a los guionistas realizar las críticas más acidas a la sociedad: Desde alusiones a la campaña y victoria política de Trump, hasta humor negro relacionado a atentados terroristas, aborto, diferencias sexuales y aprovechamiento político. Todo filtrado por la absurda industria del espectáculo que parecer ser el monstruo más irrazonable dentro de todo este entramado.
 

Homenaje al humor absurdo


Aunque la serie desde siempre tuvo espacio para elaborar en sus capítulos muchas parodias y momentos de humor non sense (en especial en la segunda temporada) esta vez considero que fue mucho más refinado y preciso. El primer capítulo que trata sobre la elección a gobernador de Mr. Peanutbutter es pura comedia al estilo Seinfield llegando a las consecuencias más hilarantes. Otro capítulo del mismo estilo es cuando Mr. Peanutbutter realiza una reunión de la alta sociedad en su casa, pero eventualmente todos se quedan atrapados realizando una lejana referencia al “Ángel Exterminador” de Buñuel. Considero que el humor en esta temporada es totalmente certero y no se solapa con los momentos más tristes como en temporadas anteriores. Los guionistas consiguieron un excelente equilibrio.


Por último, el apartado visual sigue bastante bien, aunque la animación por alguna razón está vez me pareció más plana en cuanto a sus colores y sombras. Como siempre hay capítulos con un estilo diferente que lo convierten en una experiencia audiovisual única dentro de la lista de episodios, es así como en la temporada tres tuvimos ese maravilloso capitulo acuático, en esta temporada el penúltimo capítulo donde se cuenta la historia de la madre resulta realmente bien desarrollado en un estilo de edición muy distinto a lo conocido, otro capítulo memorable en ese sentido es aquel en donde nos metemos de lleno en la cabeza de Bojack y vemos secuencias animadas al estilo de las caricaturas más irreverentes de los 60 y 70. Ese tipo de cosas le dan frescura y gracia a una temporada que se puede ver de un soplo ya que engancha de manera prominente.

Como es usual hay estrellas invitadas, juegos de palabras y autoparodias de las mismas estrellas de Hollywood, por lo que muchos recomiendan ver la serie en su idioma original para captar totalmente estas referencias, aunque en lo personal son sólo detalles que pueden prescindirse, la traducción latina es bastante decente. Creo que a pesar de los momentos de golpes bajos a las emociones que provoca la serie, Bojack The horsemann en su cuarta temporada es desopilante y se puede pasar un verdadero buen rato disfrutándola. Es la temporada más equilibrada y madura hasta el momento, ¡aprende eso tercera temporada de Rick y Morty!




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