domingo, 29 de enero de 2017

¿Se viene un recambio generacional de series animadas?



 
Hace unas semanas atrás término “Regular show” una de las series animadas que trajo el llamado recambio generacional de animadores y que levanto del polvo al vilipendiado Cartoon Network luego de algunos años de escaza calidad, sin embargo, “Regular show” forma parte de una generación de programas infantiles bien diseñados y de carácter tan transversal que lograron levantar el pedestal de las series infantiles a un nuevo plano, sin embargo, aquella era de oro parece estar llegando a su fin. Revisemos de qué forma estas series animadas infantiles alzaron una nueva manera de ser recepcionadas para  toda clase de público y establecieron su propio estilo técnico y narrativo. Y lo más acojonante ¿Qué mierda vendrá ahora?

 



Cuando “Regular show” estrenó yo ya tenía veinte o veintiún años y había dejado hace rato de sintonizar Cartoon Network en mi televisor, en parte porque realmente la programación era horrible, es decir, Ben 10 a cada rato y series japonesas que a nadie le importaban eran lo único que ofrecía la parrilla programática, la falta de frescura e innovación se olía desde la estratosfera, pero no era el único caso, Nickelodeon y Disney Channel estaban pasando por la misma sequía creativa. Ok, habían excepciones, pero eran justamente eso, la mesa no alineada en una larga fila, por ejemplo Nick tenía a  Avatar (serie que pese a su gran calidad en lo personal nunca me convenció porque odio cuando los gringos intentan hacer anime o algo parecido) pero más allá de un par de ejemplos aislados se podría decir que el periodo de 2004 a 2009 básicamente fue muy vacío, y dejando de lado cualquier elemento externo siento que esto también obedece a un recambio generacional de la audiencia, los que crecimos en los noventa o al menos a mediados de esa década nos criamos viendo  series infantiles por cable y fuimos testigos de un incentivo brutal y constante por parte de los principales canales infantiles por captar nuestra atención, los Nicktoons y los Cartoon Cartoon eran muestra del talento de animadores que comenzaban a tomar su oportunidad en el mercado, explotando un humor nuevo y un estilo propio que hasta ese entonces las series animadas no habían cosechado, pero la audiencia que consumía esa clase de cosas eventualmente creció y la adolescencia ya sabemos que es una época jodida en la que quieres arrasar con todo y a la vez formar parte de todo. Algunos canales supieron captar a un público superfluo por medio de series live actions sobre adolecentes tontas que aprendían lecciones morales (ejem, Disney Chanel) alejándose de la animación e indirectamente haciendo que ésta entrase en un bucle de decadencia, finalmente llegaba un punto en que cualquier cosa nueva  te aburría porque sabías que era básicamente un refrito de lo que viste en alguna serie de tu infancia, es decir – y dejando de lado la animación japonesa que es otro tema – los dibujos animados gringos que llegaban parecían tibias copias de una época más lúdica, además estaba todo esto de internet, dejando de lado a los de mi generación, los niños de aquel momento no veían tele, preferían jugar en el PC o ver cosas por youtube, ¿qué clase de audiencia se tenía qué captar? ¿Acaso los más pequeños, aquellos nacidos a principios del 2000 podrían si quiera entender el sentimiento que la generación pasado tenía por las caricaturas? Naturalmente en un primer momento era difícil captar todo esto de una forma coherente y orgánica, pero eventualmente se logró.
 

Las caricaturas eran mejores antes

A este tipo de cosas me refiero

Cuántas veces hemos escuchado esa clase de comentarios, claro nos hace sonar como unos viejos relamidos que no aceptan el paso del tiempo, pero es inevitable que uno siempre endulce la nostalgia, por eso hoy en día el entretenimiento se basa tan  asiduamente en remakes de todo, con mayor o menor suerte podemos encontrarnos que a veces esos remakes son verdaderas joyas que tienen algo fresco que ofrecer, pero por lo general estamos frente a puro fanservice, como sea el entretenimiento siempre se basa en el pasado para conseguir algo de ventaja, por eso cuando no lo hace y logra dar en el clavo parece que todo se alinea para que la cosa funcione y fructifique. Recuerdan cuando llegó Animaniacs, fue la misma época en que estaba vigente El laboratorio de Dexter, Johnny Bravo, La vida moderna de Rocko, Celebrity Deatmatch, suma y sigue, era como si los animadores surgían con series de gran calidad técnica, narrativa y conceptual, una fortuna que perduró por muchos años hasta que eventualmente se agotó por cansancio de la formula o porque los espectadores ya estaban entrando en otra fase de su vida. Siempre recordaré esa época de mi infancia con cariño, sin embargo, hay algo que hacía la diferencia con las generaciones anteriores que eran básicamente las de mis padres, ellos no entendían estas caricaturas, tal vez su generación se crio de otra forma, obviamente con menor influjo de la televisión, pero las caricaturas que ellos vieron tenían un dejo un poco más inocente y sobre todo efectista: Loney Tunes, Tom y Jerry, Scooby-Doo y todos los personajes de Hanna Barbera, el monstruo Miltón, el Conde Patula, Alvín y las ardillas, Los pitufos, vamos, series igual de buenas que hicieron escuela en su momento, pero que quedaban muy reducidas frente a la generación  que nació por los noventa y principios del dos mil, eran dos lenguajes distintos que en cierto modo se solapaban, mis padres no entendían las series que yo veía y a mi sus series me parecían demasiado sosas y añejas. Así que ellos siempre dijeron aquella gélida frase “Las caricaturas eran mejor antes”  una pugna que parece formar parte de un ciclo infinito acerca de lo nuevo y lo viejo y es que eventualmente las nuevas generaciones encontrarían algo que ver y nosotros diríamos “Bah, lo de antes era mejor” y en parte así fue hasta el 2011, fecha en que todo cambio y donde ese paradigma ya no seguiría tan vigente por lo menos entre los de mi generación y los que vendrían después.

La tercera gran ola



Si nos ponemos demasiado estructurales podríamos dividir las grandes olas de la animación televisiva de acuerdo a su popularidad e influjo estilístico en tres grandes partes: Una que gobernó por parte de los 70 y 80, otra que hizo lo suyo desde mediados de los 90 y 2000. Y la última hasta ahora que es la que empezó en el 2011 y terminará….¿pronto?

Cuando “Regular Show” llegó a la televisión la psicotrópica “Adventure time” ya llevaba un año en las pantallas de Cartoon Network y nadie le daba mucha bola, mientras que “Phineasy Ferb iba para el cuarto año y sólo se erguía como la serie infantil de moda de la que todos se olvidarían en algún momento, sin embargo, bastó que el éxito de “Regular show” se impusiera en un disparatado fervor en audiencia para que las cosas se apreciasen de otra forma. “Adventure Time” y “Phineas y ferb” empezaron a ser mirada por veinteañeros de mi edad, las imágenes de los personajes de estas series ya no eran uso exclusivo de niños sino que también de adolescentes y hasta de jóvenes adultos, pasó a ser hasta cool reconocerse con frases de algún personaje de estos programas, usar parches en las mochilas o etiquetas, tazones, ropa (¿recuerdan cuando todos usaban polerones con la cara de Perry el ornitorrinco?). En fin…no tenías que ser necesariamente un niño (o un fan sin vida)  para ver, disfrutar y lo más importante, entender estas cosas, algo que justamente la generación de mis padres nunca hizo con los dibujos animados de mi época. Quizás haya una explicación antropológica que tiene que ver con que los que crecimos en los noventa cada vez atrasamos más nuestro paso a la adultez, es decir, a los veinte años mis padres ya se habían casado y vivían en su propia casa (o algo así) y yo a mis veinte años seguía esperando a que mi mamita me trajera mi pancito con palta todas las tardes, ¿entienden a lo que voy? Es muy probable que el rechazo  a tomar responsabilidades más el influjo de una cultura popular repleta de imágenes que nos hizo crecer y adaptarnos a nuevos medios de comunicación también generen esta valorización por series infantiles actuales, puede ser, pero sin duda lo más obvio y simple es  que las series infantiles eran realmente buenas, propias en estilo y con cierta complejidad argumental. No es un debate nuevo, pero es obvio que todo lo que vino después de 2011 en mayor o menor medida podía ser visto por cualquiera e interpretarse según parezca. Claro había efectismo, estética y personajes chistosos para que los niños captaran el programa, pero también había trasfondo, técnicas de animación exquisitas y una riqueza de personalidades que no se había visto hace mucho. 

“Gravity Falls”; Over the garden Wall”; “The Amazing World of Gumball”; “Clarence”; “Star VS the forces of evil”; “Steven Universe”; We bare bears” son programas que tienen su propio código y que no recaen en viejos trucos para deslumbrar a nadie, son series que han alcanzado su propia identidad y están formando (o ya formaron quizás) a una generación que tiene la vara muy alta en calidad, pero lo más importante son programas transversales que pueden entenderse y disfrutarse por cualquiera dispuesto a entrar en el código que se ofrece. Es cierto, nada es perfecto, por supuesto que “Regular show” tuvo temporadas malas, pero todo es parece borrarse porque su final fue increíble, fue digno y sobre todo supo dejar las cosas en un nivel muy profundo, algo que cualquier serie de mi generación nunca logró y es que seamos sinceros el final de “Phineas y Ferb”, el de “Gravity Falls” o el de “Regular show” nos dejó una especie de candado cerrado, algo que nos advierte  que lo que vimos no se arruino o eventualmente no podrá ser arruinado por tibios remakes, el hecho de que los propios animadores decidan el final de una serie y aun así puedan gozar de un éxito y de una mitología profunda en internet jamás se hubiese dado con series como “Johnny Bravo”; “Los castores cascarrabias” o “Brandy y señor bigotes” programas que sólo se producían esperando su cancelación, entregando siempre un capítulo final que no parecía cerrar ni aderezar nada especial, el que hoy en día los animadores puedan despedirse de su audiencia es una muestra de respeto y profesionalismo que antes parecía no existir. 




Este año se espera el final de “Adventure time” cuya trama ha tornado un poco más oscura de lo que se esperaba, “The Amazing World of Gumball” también tendrá su final en la sexta temporada, algo anunciado y decidido por su creador. “Gravity falls” y “Phineas y ferb” ya tuvieron su final le pese a quien le pese, por lo que no es aventurado decir que quizás estamos entrando a un terreno de descuentos en que las series que aún quedan pronto encontraran su conclusión lo que hace pensar qué vendrá ahora. Obviamente las series infantiles no se van a acabar, pero es imposible intentar saber cómo se viene la mano, Cartoon Network los últimos años ha apostado a reboots y remakes de viejas series, algo que puede resultar, pero que a todas luces se siente desaliñado, Nickelodeon intentará lo mismo este año trayendo la esperada conclusión de “Hey ARNOLD” serie que todos aman y que ganó cierta sacralización con el tiempo, aunque tiene en carpeta la creación de nuevos Nicktoons ¿logrará despertar el interés?. Disney Channel también se ha quedado algo de brazos cruzados y está apostando al desarrollo de series basadas en sus películas. Tal vez nos aguarde una nueva época de silencio, por su parte Netflix está haciendo lo propio produciendo series infantiles y quizás alce la antorcha más temprano que tarde para liderar una nueva oleada de animación, lo cierto es que ya empezamos a ver como se apaga una nueva generación de animación en cuanto a programas infantiles.-

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