lunes, 22 de abril de 2019

100 discos para mis treinta: #91 Supersordo - Supersórdido (1992)




Ya llegamos casi al final de los primeros diez puestos de este conteo eterno. Revisando parte de mis discos favoritos, siempre suelen destacar álbumes de grupos o artistas que tienen un carácter de culto en cierto público y ese el caso que nos toca revisar ahora. Una de las bandas de rock chilenas que sigue siendo pujante para quien se les aparece como revelación, pero que en gran medida a quedado marcada como una leyenda del underground. Con ustedes los Supersordos.



Culto a quien honor merece



Si vas a una tienda de discos chilena, será fácil encontrar los referentes sagrados para cualquier coleccionista. Hay un par de bandas que nunca fallan para cualquier amante del vinilo y la música chilena: Fulano, Congreso, Electrodmesticos, Akineton Retard, Pánico, Los Morton y Supersordo. Estos últimos se formaron a principios de los noventa. Sin ser un all star Project, ni mucho menos, los componentes que se sumaron al proyecto eran notoriamente personajes curiosos y avezados de la música más extrema: Rodrigo Rozas, guitarrista y enérgico participantes de varias bandas punk de aquel momento como Caos o Anarkia (originalidad no les faltaba a estos punkis) empezó a levantar la bandera del hardcore en un momento en que el género del rock alternativo empezaba a crecer en chile como espuma en un vaso de cerveza, Rozas se juntó con un experimentado baterista llamado  Claudio Fernández quien había tocado en algunas bandas internacionales como Superfetazione, Raptional Scream, las cuales se dirigían a corrientes musicales más cercanas al hardcore que era el estilo al que Rozas quería entrarle. La primera agrupación tuvo su golpe de gracia con la inclusión de Miguel Ángel Montenegro, ex bajista de Necrosis, una icónica banda de metal chilena, quizás la primera que se atrevió con el trash metal en el país y que todo el mundo recuerda por su lamentable visita al programa Sábado Gigantes en la década de los ochenta. Finalmente Jorge Cortez se uniría a la banda para realizar las labores de vocalista.

Desde el principio Supersordo buscaba proponer cruces entre el punk, el metal y sin querer fueron llegando al terreno del stoner rock, casi por inercia. Sus principales influencias oscilaban en aquella camada de bandas underground que al menos en un principio, no se restringían por etiquetas. Desde Sonic Youth hasta Melvins, en Supersordo se sentía una vibra de estruendos que tenían cierta relación con el punk rock de la época, pero que no cabía del todo en el panorama estético ni técnico, aunque tampoco encajaban con un rock alternativo más amigable para la radio. De todos modos, gran parte de la historia de Supersordo se debe a su amistad con el grupo Fiskales Ad Hock, con quienes compartieron tocatas e incluso ideas de grabar splits y demos juntos, aunque lo más destacable de esa unión fue que su gran compilatorio “Un ruido inmenso de rock” (2000) fue lanzado bajo el sello de los Fiskales Ad hock. Aquel trabaja recuperaba gran parte del primer disco, el cual combinaban sin límites ni horizontes elementos del noise, el garage y el hardcore. Es una coctelera en el que se pueden encontrar ecos de bandas como The Jesus Lizard, Fugazi y Jawbox.

La banda consiguió telonear a Fugazi en su visita a Chile en 1997, en una época bastante prolifera para la música nacional. Ganando una buena porción de fans que poco a poco fueron abrazando este tipo de propuestas que tienen la facultad de envejecer muy bien con el paso de los años. No obstante, las diferencias creativas del grupo fueron más fuertes y después de un segundo disco del que ninguno estuvo muy conforme comenzaron los alejamientos, proyectos paralelos y finalmente el fin definitivo del grupo. A pesar de su mezquina discografía, la fuerza de su legado persistió en bandas como Yajaira y Cáncer quienes a su modo mantienen la esencia de lo que fue Supersordo. Lo más llamativo es que actualmente su música y principalmente el disco que pasaremos a revisar, sigue levantando sorpresas y revelaciones ¿eran muy adelantados a su época? No lo creo, más bien siento que “Supersórdido” es un conjunto de canciones que consiguen impactar desde su propuesta porque en ellas no hay mancha absoluta de buscar ser comerciales. Es un trabajo sincero, directo y sobre todo tiene ese tufillo de exclusividad underground que ya de por si lo hace mantener su aura de rock bien sudado e intenso.



Un disco quiebra esquemas



Totalmente independientes, dueños de una ironía que les permitia jugar con cualquier cosa, concentrados en una enérgica rabia y con un sonido low-fi que con el tiempo más que un defecto sonoro se ha convertido en una calidad que apreciar, Supersórdido es un gran pastiche de aquellas bandas gringas que “los verdaderos amantes de la música” conocían. Quizás en lo que acierta Supersordo es que a pesar de apoyarse en un oasis musical culturalmente ajeno, se apropian muy bien del estilo y no suenan como a chilenos copiando bandas gringas, lo que los terminaba convirtiendo también en una rara avis de la música nacional. Es cierto, sigue siendo un hardcore anglosajon, pero funciona muy bien, incluso el lenguaje español encaja rítmicamente. Esa gracia era lo que los hacía salirse del contexto en el que estuvieron sumergidos por muchos años, el ambiente punk.

Según algunos cronistas del rock chileno, Supersordo eran los raros dentro de la ecuación, en una tocata en donde estaban ellos, Los miserables y Los fiskales, Supersordo eran una cosa hermética  “los punkies no los vacilaban, pero los miraban intrigados, tratando de entender qué era eso, igual se vacilaban ‘Ismo‘” Demasiado sofisticados para el punki, demasiado heavy para el público indie, Supersordo no encajó bien, pero obviamente funcionaba mejor en ciertos escenarios que otros.



De este modo Supersórdido en una rápida escucha nos parecerá que tiene directa relación con el punk más subversivo, sin embargo, las guitarras estruendosas del instrumental “Represion espacial” corte que abre el disco, está más cercano a los riff del metal, sin duda aquí es donde se nota de inmediato la influencia de Melvins, especialmente en sus trabajos más oscuros de los ochenta. Este temazo que no sería más que el puntapié para una camada de bandas que practicarían el post-rock como Mostro o la gran Animales exóticos desamparados, planea entre una energía violenta y un ruido amenazador, aderezado por los efectos sonoros de ambulancias y aullidos de perro, sí, estamos entrando a un terreno inhóspito. “Terrorismo terrestre” bucea en una letra de denuncia en la que la voz de Jorge Cortez se desdobla entre los alaridos más bruscos y los gritos desenfrenados. Nuevamente un halo de trash metal rodea un tema de esencia completamente punk y liberal, pero que termina con el ruido del amplificador saturando, al más puro estilo de un compositor ruidista.



“Rompe hielo” es un tema mucho más cohesionado, en donde Jorge intenta cantar con una cierta  afinación que no termina de encajar. Se podría decir que es el tema más light del disco, con solos de guitarra algo descafeinados. Vale aclarar que este disco no fue de todo el agrado de Rodrigo Rozas, quien en su momento sostuvo: "nuestra primera placa es un pegoteo de cosas. Hay temas que los grabamos y nunca más los tocamos porque eran una mierda. Algunas canciones me dan vergüenza ajena..." Declaraciones que únicamente le han dado más realce y carácter de ontología a este irregular trabajo. “El patio, el limón y las hormigas” es un tema completamente punk, corto, brusco, intrépido y con una letra tan simple y sarcástica como genial “Puedes ser el dios de las hormigas/provocar una tormenta/orinándoles el árbol/poder, si quieres/puedes marcar su camino/o decidir el futuro/de la comunidad”

“Mi padre” es para mi el mejor tema del disco, de una oscuridad propia, una batería densa, una línea de bajo preponderante y unos riff de guitarras que sólo te pueden hacer pensar que estas en un bar de mala muerte a punto de meterte en una pelea de borrachos. Con una letra furiosa y despiadada: “Tengo miedo de llegar a casa/y encontrar un charco de sangre/Tengo miedo de que mi padre/cometa cualquier locura/tengo miedo de mi familia/sobre todo de mi padre/Mi padre” sin duda un tema que se enfilaba dentro del stoner más acido, pero cubierto de capas y capas de hardcore, muy propio de lo que hacía Fugazzi en algún punto.

                                               Documental sobre Supersordo

“Inocente” es otro tema magistral, de corriente mucho más hardcore y aderezada con elementos noise en las distorsión de las guitarras, podemos notar la influencia de los trabajos más arriesgados de Sonic Youth de los ochenta. Mientras que “Herbosas praderas del tibet septentrional” comienza con una energía muy punk, pero desencadena en un colofón noise propio de bandas como The Distillers, nuevamente unas inteligentes letras de protesta le dan un toque mucho más denso al trabajo, logrando incluso parecer un trabajo experimental en algún punto. “Avión a Cuba” es quizás la tonada más pop dentro del trabajo, mientras que “Come, trabaja, duerme” es un tema que recuerda los primeros trabajos de Masacre, una banda argentina que esta casi al mismo nivel de culto en su país. En “Come, trabaja, duerme” se nota la idea de que no fuese un solo estilo el que dominase la canción y nos pasamos de un golpe a otro a diferentes riff que en conjunto siguen exprimiendo esa inquietud noise del grupo, que a veces parece simplemente un ensayo abierto.

“Morir de amor” tiene algunas reminiscencias a canciones del primer disco de Nirvana, una banda que a fin de cuentas estaba más cerca de esta onda que del grunge, de todos modos mediante una voz de ultratumba y unos riff implacables que acompañan los golpes crujientes de la batería nos terminan llevando más por un ácido panorama stonner. “Ismo” es otro grito punk, con un bajo demoniacamente hardcore y una velocidad en la batería que nos retrotraen a Black Flag. “Posición de altura” tiene abiertamente un sonido más new wave, cercano a Killing Joke e inclusive a The Cure con menos maquillaje gótico. Es otro de los temas que podríamos denominar como potencial single, al ser un poco más melódico y aunque no exuda rabia ni velocidad, consigue transmitir igualmente oscuridad al estilo de Joy Division por ese liderazgo del bajo en la línea melódica. El final con “6-tan” sigue manoseando los parajes del noise experimental, bajo el sonido de guitarras stoner. Un palimpsesto de gritos, ruidos de guitarra y una batería marchante que parece dirigir todo al infierno, dan la idea de una sinfonía demoníaca que cierra de una forma fulminante un disco inclasificable.


Supersordo es una banda de culto, llena de referencia y guiños a otras bandas, pero que sabían mezclarlo todo y hacer que su sonido cobrara sentido. A pesar de que este disco no fue del agrado de sus integrantes y presupuesto la crítica lo ignoro totalmente para su estreno modesto, se ha reivindicado como una joya del underground, que aunque musicalmente me parece valioso, ya que no he escuchado discos que confluyan con tanta naturalidad estilos tan oscuros, evidentemente hoy la pieza tiene más valor por su carácter necrológico, al ser un disco que expone un momento de la historia musical de chile y del cual se pueden desprender y entender varias bandas que tomaron su sonido y actitud.- 



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