martes, 17 de octubre de 2017

El Divino Anticristo: Muertisimo la leyendisima




El pasado sábado 14 de octubre murió el autoproclamado Divino Anticristo, una persona que llevaba muchos años en situación de calle en el barrio Lastarria de Santiago. Ganó cierta popularidad como personaje típico de la cultura popular chilena por su forma de hablar enrevesada, sus vestimentas extrañas y sobre todo por sus delirios mesiánicos (que a diferencia de otros no lo transformó en ningún líder de ninguna secta). Muchos lo identificaban por la pañoleta sobre su cabeza, gritando incoherencias a los cinco vientos y empujando su carrito de supermercado lleno de libros que él mismo había escrito. El divino anticristo sufría esquizofrenia y hay varias lecturas que se pueden hacer al respecto sobre cómo la opinión pública  perfila – en este caso particular – la no-vida y no-obra de un vagabundo.

 
El vagabundo como ornamento del paisaje urbano

La gente en situación de calle afronta diversas problemáticas que son difíciles de asumir para cualquier ser humano opacado por el vértigo de su propia vida, y como de costumbre preferimos mirar para otro lado cuando nos encontramos con alguno, o en el mejor de los casos le regalamos un billete o unas monedas. En la misión neoliberal de desarrollar mejores índices de progreso económico (y supuestamente de vida), la erradicación de vagabundos es una tarea constante de las políticas públicas, realizadas con mayor o menor tacto según sea el caso. En nuestra América Latina, sin embargo, la problemática de la gente sin hogar que acarrea graves problemas relacionados con la drogadicción, el alcoholismo o enfermedades mentales, resulta ser algo común al paisaje urbano al punto de que se vuelve tan natural que pasa a convertirse en un ornamento, y tal vez, en una silenciosa advertencia del límite al que todo ciudadano-trabajador puede llegar a caer si se desprende de la lógica funcional del capitalismo, no obstante, de vez en cuando se dan referentes de resistencia a esta imagen de desgracia y perdición que el relato oficialista nos impone, personajes que al estilo del filósofo griego Diógenes de Sinope prefieren orbitar por opción fuera del sistema y encarar la vida desde su propia perspectiva filosófica y mundana, al punto de decirle sin la menor consideración a cualquier personalidad que detente el poder “Apártate que me tapas el sol”. El Divino Anticristo era algo así, un personaje que se resistía a entrar a cualquier normalización, e incluso a ser un vagabundo más que ornamentase el paisaje urbano, el paisaje lo ornamentaba a él.

Yo lo conocí a través de las columnas de opinión que escribía para el suplemento quincenal de sátira política y social  The clinic, quienes no sólo le cedían espacio para que desplegara sus ideas sino también muchas veces lo entrevistaron. The clinic, se podría decir que fue uno de los mayores responsables de encumbrar el mito del Divino Anticristo. Después lo intentaron con otros personajes de la calle, en ese afán de darle voz al folclor urbano que los grandes relatos oficiales ocultaban, la palabra de los vagos, de los alcohólicos, de los drogadictos y de los enfermos mentales, pero sólo el Divino Anticristo fue constante y les entregó suficiente material porque en resumidas cuentas el Divino era un filósofo de la vida, de la calle como Diógenes, y tal cual, disfrutaba de los placeres más accesibles de la vida y de la libertad  al no verse enfrascado en trabajos ni obligaciones. Hurgaba en la basura buscando cosas que después podía vender, caminaba, divagaba, se echaba en los parques, no era un vagabundo más, era el relato en carne propia de la libertad…pero el diagnostico medico decía que sufría esquizofrenia paranoide crónica.
 

El humano antes de la divinidad


Como mito urbano que fue, todos tenían su propia versión de quién era este hombre y por supuesto cada versión variaba como las leyendas que se cuentan sobre los baños de los colegios. Que había sido un médico, que era un nazy enloquecido que llegó a chile, que había sido millonario…en fin, la vida del Anticristo estaba lejos de lo increíble, su nombre de pila era José Pizarro Caravantes, nació en 1953. Estudió literatura en la universidad de Valparaíso, pero luego se cambió a computación en la universidad de Chile, se casó en 1973, tuvo un hijo, aunque él dice que tiene dos y que viven en Alemania. Fue voluntario del cuerpo de bomberos de la tercera compañía de Santiago y en 1982 vio la casa de sus padres destruida por un incendio. Según cuenta su hermano, Ricardo Pizarro -un conocido activista del ciclismo que murió en 2011- fue después de ese incendio cuando José empezó a convertirse en el Divino, dejó su hogar y comenzó a deambular por las calles vestido con faldas y su característico pañuelo sobre la cabeza, antes de adoptar su alter ego, la gente lo llamaba “la vieja loca” o “el viejo viaja”.

Su condición mental aparentemente empeoró con los años, a pesar de que sus inquietudes y pensamientos filosóficos no menguaban en lo absoluto. Era prolífico en la escritura llegando a tocar temas que iban desde la política hasta especialmente la metafísica. El Divino escribía de todo, esto dio pie a que un grupo de poetas de la librería “Flor de lis” interesados en la visión de mundo de este personaje lo ayudaran a publicar muchos de sus escritos, de los cuales la mayoría tenía una curiosa apología al nazismo. Y es que si bien, dejando de lado sus problemas mentales (algo un poco difícil de pasar por alto) el pensamiento del Divino estaba contaminado por el esoterismo nazy, el cristianismo y los modelos de economía anárquica. A raíz de esto en muchos de sus comentarios o escritos se podía leer una desconcertante idea que orbitaba sobre la pureza de la raza blanca, la supremacía del hombre frente a la mujer y la filosofía de los extremos. No quiero pasar por alto que éstos son básicamente mensajes nocivos y repudiables para la tolerancia y el libre pensamiento dentro de la sociedad que aspira a progresar, pero naturalmente nadie se tomaba en serio al Divino, seguramente si las cosas que decía las hubiese vociferado alguien como Miguel Serrano (que en parte las dice un poco) el foco de atención sería distinto. En todo caso a medida que la fama del Divino crecía, sus escritos se volvían más erráticos e incoherentes hasta el punto de convertirse simplemente en un personaje pop de la cultura Chilensis, el loquito. Y aquí es donde la cosa se vuelve un poco complicada.
 
El divino loquito  


Cuando el Divino empezó a salir en la televisión mediante notas o entrevistas donde únicamente se reían de los disparates que decía, fue cuando públicamente su figura se tornó en un chiste. Claro que él estaba ajeno a todo eso, decía lo que se le cantaba y los que se aprovechaban de eso lo usaban como elemento de broma. Aunque dudo mucho que el Divino se haya sentido ofendido al respecto, pero la responsabilidad editorial de mostrar a un outlaw como un loco, dejando de lado toda una historia humana  y enfocándose en el absurdo involuntario de sus palabras, marcando ésa personalidad disruptiva al orden social como un fracaso del que sí nos podemos reír como se muestra en este horrible programa:


“Ellos dicen que yo soy un esquizofrénico, pero no soy un esquizofrénico, porque los esquizofrénicos son comunistas. Los esquizofrénicos se creen Dios, o sea que son todos iguales al diosísimo, lo que sería totalmente comunista, pero yo soy distinto, porque soy un genio, una divinidad que no es Diosísimo, sino que el Anticristo” En sus propias palabras y de lo que se puede inferir más allá del delirio místico, es que el Divino quería vivir su vida al margen de cualquier paradigma, también del psiquiátrico. La única vez que fue internado en contra de su voluntad, sus “seguidores” iniciaron una campaña pidiendo que sea liberado. Esto da pie a entender un poco más la filosofía antipisquiatrica que propugnó Focault para quien los hospitales mentales sólo eran un reducto más dispuesta a la normalización de los cuerpos. El Divino no quería ser normalizado, quería ser el Divino, esto hizo entender a su hermano (quien lo internó) que la solución no pasaba por terapias abusivas sino más bien creía que había que mejorar sus actuales condiciones de vida sin sacarlo de su entorno.

Homenaje de 31 Minutos al Divino

"Nosotros estuvimos internados en una clínica siquiátrica poco más de un mes y no habríamos salido en por lo menos en diez años si no fuera por el apoyo incondicional de una COMPAÑÍA DE POETAS QUE SE TOMARON LA MOLESTIA DE PROTESTAR (sic) por la infamia que me estaba ocurriendo, que me estaban inventando enfermedades porque una inmobiliaria reclamó que mi presencia en el BARRIO LASTARRIA les perjudicaba su venta de departamentos, que entreparéntesis están mal construidos porque les faltan dos metros de AISLAPOL entre cada pasísimo", declaró cuando fue sacado del psiquiátrico. Sin embargo, este rechazo a la internación por otrxs puede ser leído como una aceptación de su condición y por lo mismo como un caso perdido del que ya no resulta inmoral reírse. El proceso del Divino de llevar adelante sus ideas fue la mejor forma de resistencia ante un sistema que sólo busca normalizar los cuerpos o simplemente excluirlos, él salió de ese sistema, nadie tenía el derecho a reírse de su diferencia, pero lo hicieron, porque parece que ese es el destino de los que abrasan su locura. A los 66 años ha muerto, y la opinión reacciona con cierta indiferencia e ironía, al final, para la gran mayoría, era un vago más que andaba por las calles.- 

FUENTES:
http://www.elciudadano.cl/chile/el-mito-del-divino-anticristo-el-cono-de-la-cultura-pop-del-centro-de-santiago-en-camino-a-ser-leyenda/10/15/
http://www.emol.com/noticias/Nacional/2017/10/14/879196/Adios-al-Divino-Anticristo-Quien-era-el-reconocido-personaje-santiaguino.html

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