sábado, 16 de marzo de 2019

El rincón del ratón curioso: Humor contra lo políticamente correcto

Un chiste negro, pero feminista. Y de la mano de un varon heterocis, uy


Una de las únicas razones por la que mucha gente (entre esas me incluyo) sintoniza por televisión ese espectáculo híbrido que oscila entre competencia artística, show musical y programa televisivo llamado Festival de Viña, es por la presencia de humoristas. Un poco de contexto, el festival de Viña es un evento veraniego de la turística ciudad chilena que con el paso de los años ha ido ganando mucho terreno dentro de la idiosincrasia nacional. Si bien comenzó como una modesta competencia de canciones, con el paso de los años ganó abundante potencial mediático, considerándose, hoy por hoy, como un espacio sagrado e inmanentemente kitsch. Su mayor riqueza esta en lo impredecible que resulta a veces, por ejemplo: en los ochenta el vocalista de Mr. Mr leyó un comunicado adhiriendo su solidaridad a los artistas perseguidos por el régimen de Pinochet, años antes Florcita Motuda hizo una intervención extraña, demasiado naif para considerarla acto de protesta, pero aun así muy simbólica. Retornando la democracia, de antología fue la presentación de Faith No More en un momento donde nadie tenía claro qué significaba chasconearse

Más allá de números puntuales, las situaciones en donde lo imprevisible siempre está presente son en las presentaciones de los humoristas, quienes son el plato fuerte televisivamente hablando ya que el rating depende mucho de sus rutinas, esto se debe a una razón muy simple: con los y las humoristas es cuando el público asistente más puede actuar como circo Romano, abucheándoles si no les gusta su humor o aplaudiéndoles y finalmente consagrándoles. Y este año la gran víctima fue la comediante Jani Dueñas que con una rutina de stand up ligada al humor negro, no consiguió beneplácito. ¿Qué causo todo esto a nivel de opiniones? Entre otras cosas que se achacara, ridículamente, dicho fracaso a la postura feminista de la artista, y qué además se pusiera en jaque el papel de la mujer frente a un humor incómodo.


 ¿La suerte o la gracia?

Jani Dueñas. La figura de Viña 2019
Por catorce años no hubo representación femenina dentro del humor en la parrilla programática del festival de Viña. Recién en 2016 la comediante Natalia Valdebenito rompió esa racha con una aplaudida presentación. Si bien llevo adelante una rutina bastante simple en la que se reía de su cotidianidad como mujer, en un momento del espectáculo pudo decir un mensaje claro y fuera de chiste. “¡Soy feminista!  Eso significa que quiero que dejen de matarnos” Sin esa declaración de principios su show no hubiese tenido el tono político que adquirió inusitadamente, de pronto, era como si esas palabras reinterpretasen con otro carisma su humor y todo lo que había estado diciendo hasta ese momento. Valdebenito se convirtió en un referente del feminismo, algo que supo capitalizar para su carrera en el humor, trabajando cada vez más desde ese lado. Para el momento en que ella se subió al festival de Viña, el movimiento social ni una menos ya había comenzado a hacerse fuerte, vociferando  su descontento por las calles de varios países. No se trataba de una consigna minoritaria, sino del resurgir público de una fuerza que empezaba a interpelar el rol social de las mujeres.




Tres años después las cosas han cambiado mediáticamente, claro, se siguen suscitando feminicidios con frecuencia, la desigualdad de género sigue produciendo rupturas y básicamente a las mujeres se les sigue evaluando y presionando con una doble lupa por razones meramente patriarcales. No obstante, paralelo a eso, como para blanquear públicamente estas cuestiones y sugerir supuestas soluciones que no modifiquen de fondo al sistema que las produce (ya saben, el heterocapitalismo global) se ha generado una innegable agenda política desde los poderes fácticos en donde el feminismo como instrumento se ha vuelto cada vez más evidente. Desde películas con heroínas que entregan livianos mensajes de aires emancipadores, hasta gestos empresariales que intentan demostrar que las cosas pueden mejorar sin necesidad de eliminar el sistema, todo ha recaído en cómo los grandes poderes utilizan el feminismo inofensivamente para direccionar a su favor el descontento frente a los problemas de género. Pero el mundo avanza y cada vez se van suscitando más cosas, desde el me too, hasta los movimientos pro aborto en Latinoamérica, la reacción social continua siendo una actitud que busca confrontar todos los paradigmas por los que la sociedad se construye.

                 Randy y qué es lo que hacen realmente los grupos de los Políticamente correcto


Lamentablemente, la agenda política del llamado feminismo blanco punitivista, más que ahondar en problematizaciones, busca instalar a toda costa un nuevo status quo muy parecido al que acostumbramos, un femwashing se podría decir, que actúa desde la absoluta  superficialidad y que genera cismas en la ciudadanía por su pretensión de imponer nuevos modelos (que básicamente sólo vienen a reemplazar a los antiguas, pero mantienen las mismas funciones) este cisma se siente sobre todo en las redes sociales, donde cada vez hay más personas quejándose de que el feminismo es casi una especie de dictadura del pensamiento. Ok, seamos claros, una postura que pretende romper (o al menos cuestionar)  los moldes en los que culturalmente nos adaptaron, nunca caerá bien, y es evidente que cuando una mujer cuestiona públicamente los privilegios masculinos, es vapuleada y maltratada, ejemplos hay millones. Pero yo no me quiero remitir a ese espectro social que odia las protestas feministas sólo porque considera vulgar que chicas salgan a manifestarse en tetas, o que simplemente se molesten porque son incapaces de ver que el sistema se sostiene sobre una gran desigualdad de género. No, yo me remito al descontento que surge en personas que asocian al feminismo a una dictadura de lo políticamente correcto, lo que ha sido culpa en gran parte, de esta agenda política, que repito, viene desde los Poderes, no de la calle, aunque no niego que hay sectores feministas que han terminado adoptando por una u otra razones moralidades que tienen que ver con protocolos de lo políticamente correcto.



Bueno, es en este nuevo escenario social donde se sube Jani Dueñas a intentar hacer humor en la Quinta Vergara. Sus antecedentes no hacían presagiar ninguna desgracia, tuvo un buen año laboral, un especial en Netflix y sus shows de comedia se llenaban.  Jani junto a varias colegas humoristas montaron espectáculos durante todo el año en donde el material primordial iba sobre sus experiencias bibliográficas y el papel que desempeñan como mujeres dentro de este nuevo escenario social, cuestionando o burlándose de sus humanas contradicciones, pero siempre reivindicando la lucha feminista social como referente. Y ¿qué pasó en Viña? La verdad es que encontrar su presentación para analizarla fue difícil porque la eliminaron de youtube (me da mucha risa que la gente pida que suban su show a la plataforma, básicamente para criticarla en los comentarios, es como pura maldad) sin embargo, pude verla en el siguiente enlace y saque algunas conclusiones.

                                                              Humor negro del bueno


Rápidamente puedo decir que Jani Dueñas tuvo, por sobre todo, mucho castigo social. Los primeros minutos de su show fueron bastante buenos, pero se notaba una incomodidad en el aire, una especie de predisposición a no perdonarle ningún error. Jani Dueñas tuvo una actitud puntuda, a ratos avasalladora, algo que curiosamente se le perdonó al día siguiente a Jorge Alis, quien fue mucho más ácido con aspectos de la sociedad e incluso fue capaz de molestar directamente al público y nadie se mal incomodó como para abuchearlo. Jani Dueñas, al contrario, partió burlándose un poco de ella, de lo desconocida que era en el ambiente, todo bien hasta allí, pero fue cuando hizo el comentario de burla hacía el mundo masculino que todo se fue a pique “Debe ser difícil ser hombre en este momento, porque ya nadie habla de ustedes, pasaron de moda” El público reaccionó, quizás como una forma de descargo contra esa agenda feminista políticamente correcta. Después de eso no hubo manera de revertir la situación, Jani incluso llamo a la sororidad, algo que le criticaron mucho, pero hey, no hay ningún problema cuando un humorista apela a elementos como la nacionalidad para salir bien parado. 


Al principio pensé que su fracaso se debió a que el público de esa noche no calzaba con su target, pero nuevamente, Jorge Alís, con un público totalmente conservador, consiguió un tremendo éxito con un show sumamente incómodo.  También me comentaron que la forma en que Jani Dueñas se expresaba no era muy graciosa, lo que tampoco me parece tan acertado, ya que creo que han habido humoristas que por nerviosismo o inexperiencia (Fabricio Copano, Mauricio Palma) tampoco han sabido manejar bien ese timing, pero igual, saben salir adelante cuando ven una respuesta favorable del público. El sociólogo Alberto Mayol analizo el show y consideró que el gran error de Jani fue asumir que sus valores personales eran universales, cuando gran parte del público no los compartía ni entendía, agregando que el trabajo de un humorista es parecido al de un traficante, esconder el producto real (en este caso el mensaje) en una gran fachada. Nuevamente, el éxito de Jorge Alis, que de sutil no fue nada, hecha un poco por la borda esta interesante lectura. 

                                            La valiente conferencia de prensa post fracasó de Jani


Jani Dueñas tuvo la mala suerte de pararse en un escenario público en un momento donde el feminismo ya no está cayendo muy bien en un sector que se siente abrumado por lo políticamente correcto. Con Natalia Valdebenito no pasó eso, ya que si bien, tampoco fue muy popular cuando dio su declaración de principios, para ese momento el feminismo transitaba otros derroteros que lo hacían masivamente un poco más aceptable. Si Jani Dueñas hubiese invertido más tiempo de su rutina molestando políticos, la respuesta quizás hubiese sido otra, ya que es innegable que en un escenario de esas características, el populismo juega muy a favor, no obstante, este no fue el caso, Jani era una feminista y había que hacerla polvo a penas dejara en claro su posición, esto se replicó con el hecho de que muchos medios de prensa destacaron antes que todo que fue  UNA FEMINISTA la que fracasó en Viña. Lo que la artista, infructuosamente intentó, fue burlarse de las situaciones sociales que nos aquejan mediante humor negro, otro fierro caliente, ¿Una feminista haciendo humor negro en un escenario altamente público? Razón suficiente para sofocarla, sin embargo, quizás ahí radicó un error en cuanto a su material: el humor negro es un elemento que hay que saber usarlo para que no parezca una mera burla, como dice Mayol, hay que traficarlo, que la gente se ría pensando que se está riendo de otra cosa y de pronto se de cuenta de la verdad, la humorista no supo hacer buen uso del humor negro, no tuvo la gracia para sostenerlo, más allá del contexto social que evidentemente influyo un montón en la respuesta.


Disecciones e intentos científicos para entender el humor negro



Es un bien racista achacar bajo un color determinado un tipo de humor que juega con elementos insensibles y ácidos. Es un humor que busca reírse de situaciones que causarían lastima o compasión en cualquier situación, pero que puestos bajo un contexto distinto terminan causando hilaridad, una que bordea en ciertos aspectos la crueldad. El humor negro tiene un carácter desdramatizador al poner el acento, por sobre todo, en elementos sarcásticos, irónicos y sobre todo ridículos (como que suene la canción inicial del Rey León en el velorio de tu suegro) André Bretón en su antología del humor negro explica que este tipo de comedia “es el enemigo mortal del sentimentalismo con aire perpetuamente acorralado —el eterno sentimentalismo de fondo azul— y de una cierta fantasía de corto vuelo, que se toma demasiado a menudo por poesía”.
 

Algunos estudios insinúan que quienes disfrutan del humor negro es porque tienen una disposición más abierta a las situaciones conflictivas, además de que son menos proclives a la agresividad y mantienen un estado de ánimo más estable.  Este tipo de investigaciones sugieren que la actividad de asimilación del humor negro conlleva una cognición social compleja, donde interviene un mayor procesamiento de la información. La ecuación es la siguiente, mayor comprensión, mayor actividad cerebral, mayor disfrute. Ese sería uno de los motivos de que el humor infantil deje de causarnos tanta risa a medida que crecemos. Sin embargo, es innegable que el humor negro es un elemento que se basa mucho en la crueldad o mala intención, es por eso que escuchar las declaraciones de Pinochet cuando le preguntaron sobre el hallazgo de varios cuerpos de desaparecidos en una misma tumba y este respondió tranquilo "¡Pero qué economía más grande!" no da risa. El humor negro cuando viene de la mano del poder, sólo se puede entender como abuso. 

                                    Una genialidad enfrentando la realidad con humor negro


Scott Weems, es otro neurólogo que ha trabajado con el tema del humor, lanzó en 2015 un libro llamado "Já. La ciencia de cuándo reímos y por qué" cuya tesis principal propone que el humor es el producto derivado de poseer un cerebro que se basa en el conflicto. Su hipótesis dicta que “El cerebro humano se adelanta constantemente a los acontecimientos y genera hipótesis. Sin embargo, a veces conduce al conflicto, por ejemplo cuando intentamos sostener dos o más ideas contradictorias al mismo tiempo. Cuando eso ocurre, a nuestro cerebro solo se le ocurre una cosa: reírse”.
 

De esta forma para Weems, el humor no es más que “nuestra respuesta natural al conflicto y a la confusión”, algo que de algún modo Freud ya aseguraba cuando dictaminó que el humor es una válvula de escape ante las presiones sociales y morales que afrontamos. Lo interesante ante esto, es preguntarse cuándo el humor negro pasa ese límite de ser incisivo, irreverente, ácido y se convierte en algo totalmente ofensivo. Weems en su libro recoge una anécdota vistosa:

Tan solo una semana después de los atentados del 11 de Septiembre en Nueva York, el humorista Gilbert Gottfried actúo en un bar de aquella ciudad. Los colegas que le habían precedido en el escenario no habían tocado el tema de los ataques terroristas Pero Gottfried se vino arriba cuando el público celebró uno de sus chistes sobre musulmanes. Asomado al micrófono, proclamó, creyendo que todxs le seguirían el juego:

—Esta noche tengo que irme pronto. Tengo que volar a Los Ángeles. No he podido conseguir un vuelo directo y he de hacer escala en el Empire State Building.

El chiste no cayó bien, un silencio sepulcral se generó y rápidamente unos lentos abucheos se dejaron caer. ¿Acaso ese es el límite del humor? ¿Las tragedias? O en un contexto feminista ¿se puede bromear sobre femicidios? Creo que la respuesta a esto es completamente ambigua.

Burlarse públicamente sobre una tragedia parece requerir de un tiempo prudente, al menos tres semanas, dependiendo del grado inmediato que esta tenga en la sociedad. Burlarse del 9/11 no le causo mucha gracia a los yankes, pero vaya que no tenían problema en reírse de la situación de guerra en Irak. En estos casos sólo depende del tacto de la persona que hace humor, pero también de saber leer que es lo más conveniente para burlarse. Creo que no es lo mismo que un hombre hetero cis haga burlas sobre la violencia de género, a que lo haga una chica, y si esta sufrió violencia, bien sabe de lo que habla. No es lo mismo que un flaco se burle de un gordo, a que un gordo lo haga de su condición, tampoco es lo mismo que un hetero haga chistes sobre homosexuales, a que un propio homosexual se burle de la condición en la que la sociedad los deja. Weems reflexiona “Nos reímos de los chistes acerca de grupos o sucesos sólo cuando provocan reacciones emocionales complejas, porque sin esas reacciones no tenemos otra forma de responder” de esta manera concluye que el humor negro, es idiosincrático. Los chistes que no consiguen incomodarnos, no triunfan, sin embargo, siempre deben colgar de una cuerda floja ya que depende de quién los dice, cómo los dice y dónde los dice. 


Para Fernando Galicia una buena broma es aquella que logra un cambio inesperado (pero congruente) en la secuencia narrativa y genera un “cortocircuito” en nuestro sistema de pensamiento. Chistes sobre tragedias, de algún modo, tienen un carácter subversivo, liberador, pero sobre todo terapéutico. Reírnos de las injusticias en las que nos damos vuelta, es también hacer evidente situaciones que tenemos casi naturalizadas, evidenciarnos muchas veces como estupidxs que siguen tirándole al hilo de una realidad que realmente no nos satisface. Y como popularmente se dice, entre reír y llorar, es mucho más potenciador reír.

Por otro lado esta el protocolo de lo políticamente correcto, nos obliga a  autocensurarnos y tratar de ignorar o apaciguar las capacidades humorísticas de un gordo, un disco, un down o un queer, por su mera condición. Ante esto, la activista LGTB+ Raquel Platero establece, especialmente para la comunidad disca, que el humor negro es un buen recurso para hablar de lo que no se puede hablar, reapropiarse de la injuria y explicar lo que es difícil de entender, así como también desmitificar aquello a lo que el sistema hace que te aterres en caso de caer en esa condición. Supongo que el ejemplo más sensato de esto es el del físico Stephen Hawking, de quien se dice, tenía un gran humor negro y era el primero en explotarlo, ya que le incomodaba mucho que la gente lo viese con una pena respetuosa.  
 

Actualmente el genero de stand up comedy es el que más popularidad esta teniendo en el publico, desde aquel rincón lxs humoristas pueden hechar mano asus experiencias subjetivas y bibliograficas para hacer una lectura comica de alguna situación. Esto ha dado pie para que humoristas feminsitas y de la disidencia puedan hacer burla de su situación, sin que por ello suene a banalidad o mal intención. Hacer humor negro no es fácil, y sea como sea siempre terminará molestando a algún sector, pero nuevamente, un humor que no genera discusión de la situación actual, realmente no sirve de mucho. Como señala Weems “ el conflicto de querer reír, y al mismo tiempo no estar seguro de si deberíamos, es lo que hace que los chistes sean satisfactorios” De Jani Dueñas finalmente terminamos hablando de que fracasó por ser feminista, en vez de escuchar  su humor feminista, el cual no tuvo oportunidad de desplegarse y generar algo que formulase sentido cómico. Las lecciones serán entonces: Saber leer al público y al contexto de lo que se quiere criticar, actuar con la gracia suficiente para no caer en la burla malsana y finalmente, por sobre todo, traficar el contenido de forma hábil.-

LINKS
 

¿Risas culpables? Defensa al humor negro



El chiste más gracioso de la historia y los límites del humor negro


De la "parada de los monstruos" a los monstruos de lo cotidiano: la diversidad funcional y la sexualidad no normativa

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4127341


No hay comentarios:

Publicar un comentario