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| Un chiste negro, pero feminista. Y de la mano de un varon heterocis, uy |
Una de las únicas
razones por la que mucha gente (entre esas me incluyo) sintoniza por televisión
ese espectáculo híbrido que oscila entre competencia artística, show musical y
programa televisivo llamado Festival de Viña, es por la presencia de
humoristas. Un poco de contexto, el festival de Viña es un evento veraniego de
la turística ciudad chilena que con el paso de los años ha ido ganando mucho
terreno dentro de la idiosincrasia nacional. Si bien comenzó como una modesta
competencia de canciones, con el paso de los años ganó abundante potencial
mediático, considerándose, hoy por hoy, como un espacio sagrado e
inmanentemente kitsch. Su mayor riqueza esta en lo impredecible que resulta a
veces, por ejemplo: en los ochenta el vocalista de Mr. Mr leyó un comunicado adhiriendo su solidaridad a los artistas perseguidos por el régimen de Pinochet, años antes Florcita Motuda hizo una intervención extraña, demasiado naif para considerarla acto de protesta, pero aun así muy simbólica. Retornando
la democracia, de antología fue la presentación de Faith No More en un momento donde nadie tenía claro qué significaba chasconearse.
Más allá de números
puntuales, las situaciones en donde lo imprevisible siempre está presente son en
las presentaciones de los humoristas, quienes son el plato fuerte televisivamente
hablando ya que el rating depende mucho de sus rutinas, esto se debe a una razón
muy simple: con los y las humoristas es cuando el público asistente más puede
actuar como circo Romano, abucheándoles si no les gusta su humor o
aplaudiéndoles y finalmente consagrándoles. Y este año la gran víctima fue la
comediante Jani Dueñas que con una rutina de stand up ligada al humor negro, no
consiguió beneplácito. ¿Qué causo todo esto a nivel de opiniones? Entre otras
cosas que se achacara, ridículamente, dicho fracaso a la postura feminista de
la artista, y qué además se pusiera en jaque el papel de la mujer frente a un
humor incómodo.

