jueves, 9 de junio de 2022

100 Discos para mis treinta: #04 Fishmans – Uchu Nippon Setagaya [宇宙 日本 世田谷] (1997)


 

Cuando una banda mantiene una vibra tan apacible en sus canciones, pero al mismo tiempo un componente en ellas las hace sentir tan enigmática, sabes que estas ante algo interesante. Cualquier melómanx que yo haya conocido tiene en alta estima aquellos discos que ocupan balanceadamente lo sutil y lo lúdico. Ejemplos hay muchos y en este caso me he decidido decantar por la calidez de una legendaria banda japonesa que ha atravesado diversos géneros que siempre se envuelven en dosis de dulces y contagiosas melodías que nos dejan en completo trance, un buen viaje. Otro disco que me ha dejado sin palabras y una banda inmortal como pocas.

Días despejados y fresquitos


 

Primero, vamos a dejar de lado un poco el ñoñismo y llamaremos este disco (así como sus canciones que estén señaladas en japones en el setlist) por su traducción romanizada, por lo que estamos ante Uchu Nippon Setagaya séptimo disco de estudio y último con material completamente original de la banda. Acá podemos alucinar y volar con dreampop astral, neopsicodelia a lo Flaming Lips y otros elementos clásicos de este conjunto como el dub o el rocksteady. Llegue a esta banda medio de casualidad, básicamente me salto una canción de ellos en el reproductor aleatorio de Spotify y quede maravillado por la dulzura y magia que transmiten, y no lo digo en un sentido simple de la palabra, la dulzura de esta banda más que una propuesta estética se siente como un catalizador de los variados estilos con los que son capaces de construir canciones divertidas y al mismo tiempo lo suficientemente arriesgadas para ofrecer algo que no se parece a nada que hayamos escuchado antes, es decir, un sello propio.

El culto a Fishmans no es poca cosa en el país del sol naciente, fueron una banda que marco mucho la influencia del rock alternativo que aquel país fue adoptando desde los años 80’. Formados en la prefectura de Minato en 1987, la banda consiguió reconocimiento critico por su hábil mezcla de pop psicodélico que vio su pico de popularidad entre los años 1996 y 1997, siendo Uchu Nippon Setagaya  el sumun de una especie de trilogía precedida por el maravilloso y exuberante Kuuchuu Camp y el en apariencia improvisado, pero increíblemente bien ejecutado Long Season un disco de una sola canción dividida en varios momentos ya que se trato en esencia de un jam experimental en el que se permitieron jugar y dejar fluir los ritmos e influencias que mejor dominaban.

La temprana muerte de su vocalista Shinji Isato en 1999, dueño de un falsete extremadamente limpio y transparente, pudo ser una herida que sus fans recibieron con dolor ya que la banda aún podía entregar mucho más, en todo caso para esas fechas la salida del bajista Yuzuru Kashiwabara estaba pactada por lo que igualmente el trio original (completado por el versátil baterista Kin – Ichi Motegi) estaba destinado a no seguir después de la década de los noventa. Uchu Nippon Setagaya recupera el formato más tradicional en cuanto a disco en comparación a su trabajo anterior, menos experimental si, pero mantendría de todos modos ese sello enigmático y a la vez reconfortante que habían manifestado en Kuuchuu Camp aunque esta vez con un toque más diverso en cuanto a la propuesta, en cierto modo y como ya señale, este disco sería la síntesis perfecta de sus dos trabajos anteriores, razón por la que muchxs sienten que es el disco definitivo y yo me sumo a esa opinión.

La búsqueda creativa los llevo a colapsar un poco con sus músicos colaboradores e invitadxs que siempre estuvieron dándole la potencia necesaria para que la banda pudiese desplegar unas melodías casi astrales. El trabajo melódico de esta obra denota un lado pasional, en donde cada encrucijada reboza un carácter fuerte de interpretaciones a flor de piel, las cuales guardan relación con ese fenómeno de in crescendo que se mantiene en la mayoría de los temas, convirtiéndose en esa clase de discos donde cada canción suma hasta formar una gran bola de nieve que genera un efecto de atrape inmediato en quien presta atención.


 

Si bien ignoro el concepto real del disco (o si acaso lo hay) algunas de las melodías y forma en que las canciones se desarrollan me hacen pensar en imágenes de días frescos, despejados después de muchas semanas de nubes y lluvias, días fríos, pero con una cálida esperanza de sol, así lo hace ver por ejemplo el segundo corte “Weather report” de tonalidades agridulces, con una base de percusión que recuerda inminentemente al trip hop, pero con vaivenes del dreampop cercano a Cocteau Twins, dan esa sensación de una atmosfera que tantea entre lo frío y al mismo tiempo luminoso. Al contrario momentos otorgados en “MAGIC LOVE” son puro regocijo, remitiendo al reggae de otra de sus grandes canciones “Baby Blue” (incluida en Kuuchuu Camp) el diálogo entre las composiciones parece darse de manera espontánea, los dulces falsetes con los que Isato corea en “MAGIC LOVE” mezclado con la fuerza de las melodías de un reggae psicodélico hacen que el tema alcance niveles muy excepcionales y nos transporte a escenarios en donde los paisajes están dibujados eminentemente por el clima de un atardecer tranquilo y somnoliento.

“POKKA POKKA” el tema con que el disco abre se siente en todo caso como algo mucho más nocturno, ad portas de una relajante lluvia que cubrirá la ciudad. La repetición casi en bucle de las notas de piano envueltas en el canto medio acuático y ensoñado de Isato quien consigue darle al tema un toque mucho más mágico, además de los riff de guitarras que remiten al soul setentero, un poco al city pop japones de Tatsuro Yamashita de su emblemático  “FOR YOU” de 1982. El tercer tema “Behind the scenes” con bases más propias del Drum & Bass es una muestra, quizás, de uno de los posibles caminos que la banda hubiese tomado si hubiesen continuado, con ecos a una electrónica que convivía casi en completa armonía con lo orgánico y relajante de las líneas de bajo tan dub, pero con momentos que rompen esa estructura y sorprenden genuinamente gracias a arreglos orquestales.


 

“IN THE FLIGHT” nos hace flotar, un tema con elementos muy instintivos y de una producción exquisita que incluye armónicas, sintetizadores, palm mute, evocando imágenes tan enternecedoras como cripticas, es una de las mejores canciones del disco por su ambigua sutileza. “Back Beat Ni Nokkatte” vuelve a profundizar sobre las melodías DUB, por momentos llega a recordar aquel experimento post at the drive in, pero pre Mars Volta que fue De Facto, ya que mantiene una atmosfera sombría, pero no amenazante sino más bien confusa que a medida se va desarrollando nos transporta a días invernales donde la lluvia más que ser una desgracia es una bendición. “Walking in the Rhythm” más coreográfica, dispuesta con mayor sabor y quizás menos etérea que el resto, puede recordar perfectamente a los primeros Gorillaz, pero mezclados con esa melancolía absorta del “The Bends” de Radiohead, pero además por alguna razón es imposible no imaginarse los pasajes new wave de The Police, hasta interviene un solo bastante experimental de un violin electronico. Toda una mixtura que la banda consigue hacer propia en cuanto a su sonido. El final excelente con “DAYDREAM” sella con un sobrio sentimiento nostálgico las vibras que entrega este disco, una canción podríamos decir mucho más pesada, con una guitarra blusera que se derrite en cada nota, pero que se ve alcanzada por un teclado psicodélico con sonidos de caja de juguete, una maravilla que atrapa.

 


Este disco consigue una instrumentación imponente. Los sintetizadores son tan satisfactorios cuando intervienen, el bajo adictivo, las guitarras tanto acústicas como eléctricas son simplemente fantásticas y nunca roban protagonismo porque sí, mientras que la batería establece un marco rítmico perfecto. Las voces suenan estupendas y el uso de las reverberaciones para con estas le imprimen esas atmosferas que dan sensaciones climáticas diversas y una estética japonesa bastante alejada a lo que solemos relacionar con imaginerías que nosotrxs lxs occidentales tenemos de ese país.  Un álbum agradable, vibrante y lleno de diferentes instrumentos y sonidos que fluyen en los oídos de forma suave y hasta seductora. Sin duda un imprescindible en la discografía de esta gran banda y personalmente un trabajo que no se puede perder de vista jamás. -

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