miércoles, 19 de diciembre de 2018

100 discos para mis treinta: #98 Sumo – After Chabon (1987)




Rápidamente seguimos con este conteo personal y melómano. Para el número 98 nos vamos a Sudamérica, en el contexto de los años ochenta, aunque con algunas características especiales ya que el siguiente disco que revisaremos tiene un sonido que no entra con tanta fuerza en la nostalgia ochentera y tampoco se puede reconocer obligadamente como parte del sonido latino de aquella década. Se trata de los inextinguibles Sumo.





La mística de una simple canción 


Este disco lo descubrí muchísimos años después de su apogeo. Fue a mis veinte años mientras descargaba canciones por el Ares, hubo una que llamo mucho mi atención: de tonada hipnótica, parecía un poema levemente musicalizado, era un tema muy simple, pero con grandes ribetes de himno. Se trataba de “Mañana en el abasto” de la banda Sumo. En esa época de mi vida tenía una especial inclinación por la música post-punk, mi biblioteca del Ares estaba llena de grupos por el estilo: Siouxsie And The Banshees, Joy Division, Killing Joke, The cure y cosas así. Seguramente la canción de Sumo se descargó de colada en alguno de esos compilados.


No paso mucho hasta que comencé a escuchar otros temas de Sumo, me sorprendió la versatilidad que manejaban: ska, reggae, rock, pop y punk. Una coctelera de estilos que se acoplaban a la personalidad de su líder y vocalista Luca Prodan. “Los viejos vinagres”, uno de sus temas más populares y radiales sonaba en cada reverberación a la mística de los ochenta,  pero no sólo eso,  también sonaba muy a Argentina. Esa característica, si bien estaba presente en otras canciones emblemáticas (como una especie de idiosincrasia sonora) no definían completamente la carrera de Sumo (a diferencia de varios de sus colegas y coetáneos), ya que muchos otros de sus temas tomaban melodías curiosas y poco localistas, desde el hecho de que su vocalista cantaba en inglés (en una época  donde el país no veía con muy buenos ojos cualquier acercamiento a la cultura inglesa) convirtiendo la experiencia de Sumo en algo anárquico.

Cuando me vine a vivir a Argentina el 2012 constaté que Sumo es un emblema para el rock nacional, instalados en su cenit al nivel de los Redondos, Charly, Soda y Spinetta. Pero con Sumo pasa algo curioso, son unos bichos raros que no logran perfilar definitivamente con el sonido que ha estilizado el rock argentino. Sumo son más del palo de la provocación, el desorden, lo – aparentemente – poco prolijo y especialmente (sobre todo en este disco) dueños de una reflexión obsesiva. Para Luca Prodan (quien moriría en 1987, a las pocas semanas de lanzar el disco) “After Chabon” fue el mejor trabajo de la banda, el que lograba una musicalización más cohesionada y una mayor poesía en sus letras. Lo cierto es que también parecía gustarle este disco porque fue el que menos trabajo le llevo producir. Fue un disco muy espontaneo y sobre todo sin la carga en sus músicos de querer producir un hit como había sido antes con “La rubia tarada” o “Los Viejos vinagres”    



FLORES + AFTER CHABON= La receta perfecta


Alguna vez un chabón me dijo eso, que la mejor experiencia sería fumarse un par de flores (cáñamo) mientras escuchaba el After Chabon de Sumo. Lejos de la onda drogadicta que Sumo expele (no tanto en sus letras, sino más en su actitud) creo que hay discos que sólo se complementan con el estímulo adecuado, así como coger escuchando a Sade es un placer, drogarse escuchando a Sumo es un aditamento que hace que todo cobre mayor sentido. La turbulenta vida de Luca Prodan, no mayor mi menor a la de tantxs artistas que anduvieron por la misma, nos da un indicativo de su mentalidad inquieta. Prodan no consentía el status quo como algo que cuidar, supo encumbrar su propia historia de locura y pasión, muriendo lo suficientemente  joven para aprovecharla (no como tu Charly) Gran parte de la belleza de este álbum, estriba en sus letras que van desde referencias históricas (“Crua chan”), reflexiones sobre el existir (“Mañana en el abasto”), la crítica al sistema capitalista (“Noche de paz”), o la soledad (“Ojos de terciopelo”)

Tratando de dejar de lado el efecto volátil que las melodías en sí ya inducen, resulta curioso que ninguna banda posterior de ska siguiese las ideas de Sumo, si bien bebían bastante del reggae para consagrar su sonido (específicamente de ese regga-ska  que surgió de los barrios negros y obreros de Inglaterra)  su actitud se afianzaba mucho más dentro del punk, por lo mismo en sus conciertos congregaban una mezcla interesante de asistentes que compartían una experiencia única en sonido que no se repetía en cualquier otra banda. Eran los últimos gritos del post-punk, no sólo en argentina sino que en el mundo entero.


El pelado Prodan definitivamente se lleva mucho crédito ya que fue el principal impulsor para que la banda tuviese su singularidad, pero lo cierto es que en este disco todos sus miembros consiguieron destacar realizando validos aportes a cada tema. “Crua chan” es una tonada punk que transmite en su letra el levantamiento de los jacobitas, cómo lograron invadir Inglaterra hasta llegar al pueblo de Derby, el nombre con que se titula la canción se refiere al grito de guerra del Clan Campbell. Lo que parece una gaita (el instrumento que usaban los jacobitas que iban primeros en la fila de guerra) es un logrado efecto de guitarra de Germán Daffuncio, mientras que la sutil, pero impecable batería que transmite esos redobles propios de un enfrentamiento bélico, son cortesía de Alberto “Superman” Troglio. 

“No tan distintos” es uno de esos extraños casos en que sin potenciarlo como single consiguió formar parte del ADN del rock nacional argentino, aún se suele pasar por las radios. Una tonada de reggae sin grandes sobresaltos, pero que lleva la melodía en un sube y baja de placer. “Banderitas y globos” mucho más punki, con ritmos ska, con letras chapuceras y enigmáticas, el tema tiene su gran clímax gracias a esa excelente sección de vientos y sólos de saxofón cortesía de Roberto Pettinato quien siempre supo destacar acertadamente en las canciones de Sumo cuando éstas lo requerían. “Mañana en el abasto” es un tema hermoso, paradójicamente la imagen que me llega cuando la escucho es alguien fumando y viendo el atardecer desde un balcón, desde una altura. Es un tema que narra con simpleza la vida en un barrio popular de Buenos Aires, pero tiene ese sentimiento universal que te hace sentir aquella narración como propia de cualquier barrio latinoamericano. Es un tema donde el sutil repliegue de las baterías y aquella solemne y lisérgica tanda de teclados logran acoplarse bien al mensaje de la letra, aquello fue obra de  Diego Arnedo, bajista del grupo.


“Hello Frank” es un tema que se adelante un par de años al dream pop de bandas como Galaxie 5000. Sin duda un tema bastante improvisado en su letra (se sabe que para este disco, muchas de las letras fueron completas improvisaciones de Luca) con un riff de guitarra entretenido y una bajo y batería que recuerdan a la época final de los Smiths. “Ojos de terciopelo” es psicodélica, concisa y bastante seductora al igual que el reggae más root y profundo de “La gota en el ojo” en donde básicamente se repite un poco la fórmula de algunas otras canciones dub que habían estado ensayando en otros momentos. 

“La quiero ya” mantiene ese sonido post-punk, un colchón de atmosférica instrumentalización decadente, mientras Luca ensaya un furioso jam de poesía. Un ritmo que parece repetirse en el eléctrico “El cieguito volador” que logra, sea por suerte, uno de los efectos más notables en su letra: Yo estoy al derecho! Dado vuelta estás vos!

“No te pongas azul” es otro tema bien de bar, de antro de mala muerte en el que se presiente que algo malo va a ocurrir en cualquier momento. Una música que coquetea con el jazz noir, el blues y el punk más prehistórico de Londres. Aunque si hablamos de punk, el último gran golpe rabioso lo entrega “Noche de paz” el villancico reconvertido en rola roquera, pero con cierta ironía en su letra y parte de ella cantada en alemán. El disco cierra con “Percussion baby” otro reggae bien prototípico que parece dejar la puerta abierta para cosas más grandes aún. Pero como sabemos por los hechos de la historia, esto no fue tan así.



Hasta los ochentas y más allá de los ochentas


“After Chabón” es sin duda un disco reconocible del estilo de Sumo, medio desprolijo, sin mucha atención a la producción y medio kamikaze en su lanzamiento. Desde las improvisaciones liricas, hasta los mantras reggae que se repiten, el disco parece siempre exigir algo más que lo eleve. Sin embargo, la sencillez que ofrece, lo bien articulado que están sus canciones formando ese vaivén de distintas emociones en quien lo escucha, prevaleciendo siempre esa mística hipnótica y reflexiva, incluso en sus canciones más hardcore, hace que este disco sea un emblema para la música en general. No tendrá una perfección en su sonido, ni parecerá la obra más acabada del mundo. Pero es irreverente, atrevido, arriesgado y sobre todo un trabajo sin miedo a que le apunten sus errores. Luca entraría luego al panteón de los grandes músicos argentinos de aquella generación ochentosa que le dio un aire renovado al rock latino (junto a Federico Moura y Miguel abuelo) Actualmente la figura de Luca se ha potenciado en el rock nacional, Sumo no pasa de moda, si bien hay canciones que han quedado un poco opacadas por el tiempo, la mayor parte de ellas siguen encantando por su mística y derroche de emoción. After chabón, para mí, es el mejor ejemplo de ello, especialmente por ser un disco sin grandes Hit, por ende, un disco que no queda tan atrapado en su tiempo y en su contexto.-


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