jueves, 25 de marzo de 2021

100 discos para mis treinta: #47 Hiroshi Yoshimura – Green (1986)



La música ambiental es un pequeño placer dentro de la turbulencia de estilos y géneros que buscan la excitación constante del oyente. Hiroshi Yoshimura es considerado uno de los pioneros del género y su redescubrimiento se fue dando por cosas del algoritmo cuando youtube en 2017 comenzó a recomendar uno de los discos más bellos, tranquilos y atmosféricos de los que se pueda gozar, hablo del monumental “Green” una oda a la naturaleza de ensueño.

La música que nadie pidió y todxs necesitaban 

Hasta apareció en un anime!!


Los experimentos que buscan llevar a cabo sonidos que reflejen los ecos del ambiente moderno mediante la electrónica, se han dado desde principios de siglo veinte mediante el pomposo instrumento llamado Intonarumori del pintor y compositor futurista Italiano Luigi Rusolo. Dicho instrumento se componía de un diseño tan exuberante como intrigante: Una caja paralelepípeda de madera que contenía un altavoz de cartón o metal en su lado frontal. Quien ejecutaba este instrumento debía girar una manivela o presionar un botón eléctrico para producir el sonido cuya altura era controlada por medio de una palanca en la parte superior de la caja.

Rusolo comprometido con el movimiento Futurista que buscaba estetizar la realidad mediante experiencias que acercasen al ser humano a las maquinas (el nuevo modo de relacionarse con la realidad), entendía el mundo como un caótico conjunto de ruidos provenientes de locomotoras, maquinarias pesadas, fábricas y ciudades en constate expansión, lejos de una idea más romántica que buscaba acercar el alma humana a la naturaleza primigenia, Rusolo se la jugaba por llevar a cabo una representación de la música que ya no siguiese las pautas que por siglos eran imitativas a la naturaleza, estableció y generó una mecánica adaptada al ruido. Muchos años después compositores y teóricos musicales como John Cage o Piere Schaeffer dieron rienda suelta a los principios que propuso el Italiano, cada uno a su estilo y según sus propias miradas teóricas generaron la llamada música concreta que serviría de base para el futuro de la música electrónica, pero para todo ello el genial Víctor del canal de youtube Music Radar Clan ya ha hecho un excelente análisis y recorrido histórico al respecto.

Hiroshi Yoshimura en su estudio
Por el Oriente del mundo, en un Japón que empezaba a recibir el fuerte influjo estadounidense dentro de su cultura en cosas como la moda de vestir, el city pop en la música y la pornografía (no es que no existiese antes, pero se empezó a entender como algo más parecido a los parámetros occidentales) un joven artista que mezclaba el diseño gráfico y la música, empezó a llamar la atención de un sector determinado gracias a su propuesta. Hiroshi Yoshimura durante los 70’ se dedico a producir una música que acompañara los ambientes comunes del Japón de la época, mezclando con someras piezas electrónicas, esa tradición casi ritual que la música de su país posee. De esta forma pasó de trabajar en distintas performance artísticas  generando música con órganos o equipos electrónicos a componer música que se podía escuchar en las estaciones de trenes, galerías y museos, durante el periodo de los setenta.

Siempre a la vanguardia y buscando un sonido que se conjugara con el ambiente que le daba cobija, pero que no perturbase la paz de ese mismo lugar, es que Yoshimura abrazo una de las variantes más fascinantes y poco exploradas de la música concreta: la música de ambiente.



La primera vez que escuche algo similar sería de la mano del dúo británico-australiano Dead Can Dance, quienes en su compleja discografía ostentaban canciones que se fundían en un paisaje calmo. También puedo mencionar la mismísima banda sonora de Donkey Kong (de la cual ya hablé) en la que ciertos pasajes respetaban la esencia de la música ambiental, pese a que giraban más en torno al new age, un estilo que básicamente bebe de la música ambiental, pero que busca inundarse de una supuesta aura espiritual. El ambiental, muy solicitado para algunas bandas sonoras de películas o incluso experimentaciones que algunos músicos de renombre (como lo hizo Trent Reznor con el disco Gosht o William Basinki en sus trabajos) es aquella parada dentro de los géneros musicales que te permite básicamente evadirte de las emociones fuertes y sentirse casi en un estado anestésico, fundiéndote en aquellos parajes que la música te propone. Claro, no todos los experimentos consiguen ser tan efectivos como Green, que dejando de lado el primer obstáculo que te puede parecer una música que simplemente sirve para hacer dormir gatos, realmente es un momento y un estilo que realmente nadie pidió, ni los consumos masivos de música, ni nadie, pero vaya que se agradece su presencia casi incombustible.

Verde para la felicidad



En Japón el color verde simboliza el bosque, lo que para la cultura nipona también evoca bonanza y felicidad de vivir, elementos como la frescura, la juventud e incluso la inocencia por lo que Yoshimura por medio de teclados, sintetizadores y filtros va intentando desentrañar melodías que refuercen aquello siempre enfatizando  esa conexión que el color mantiene con la naturaleza mediante sonidos de cascadas, cantos de pájaros y de grillos, pisadas de rama, caídas de cascada, poco a poco la idea es la de adentrarnos en un santuario natural imaginario, aunque vale decir que algunos sonidos de cantos de ave o de cascadas fueron agregados en una redición posterior al disco, quizás como gancho necesario para entrarle al mercado anglosajón bajo el rotulo de new age, música para meditar cuando no necesariamente era esa la intención que el compositor buscaba plasmar

Green es el cuarto trabajo discográfico de Yoshimura y prácticamente ya para ese entonces venía muy confiado en las bondades que su propia técnica por lo que ansioso de probar nuevas ideas, a diferencia de las sonoridades discretas, meditativas y suaves de sus trabajos anteriores en Green se atreve con un minimalista juego de armonías hasta desencadenar en pequeñas sorpresas musicales . Los ocho temas que componen este disco se sienten como un amplio manto en el cual poder descansar las agonías que nos trae la misma modernidad que Rusolo alababa, casi como una mirada contraria, el padre del ambient no pretende con su electrónica darle realce a la modernidad, sino más bien, crear en complicidad con un imaginario ideal de naturaleza, un escape a la ciudad y su progreso.



Con una idea sonora similar a la de Brian Eno,  y con un merecido resurgimiento de popularidad gracias a internet y algunos sellos independientes que en los últimos años estuvieron reditando su música y la de otros artistas de este estilo (y también en parte por el golpe de efecto que supuso el vapourwave en su momento, el cual tomaba elementos de la música de Yoshimura para sus remixes) hoy este disco cuenta con millones de reproducciones, quizás algo insospechado para el interprete de Yokohama quien murió en 2003 a causa de un cáncer a la piel, sin gozar de gran reconocimiento fuera de su país.

Yoshimura (al igual que Schaffer) entiende el mundo como una masa sonora que sobre estimula los sentidos y especialmente el oído, único musculo que no se puede cerrar a diferencia de los ojos o la boca, por lo que ha sufrido de alguna manera una proliferación de notas y sensaciones que a veces le es difícil asimilar. Consciente de esto Yoshimura dedico parte de su extensa discografía a resaltar el valor de los sonidos simples, pero en Green  decide ir un paso más allá. El primer corte del disco CREEK   ya nos sumerge en un escenario idílico construido a base de sonidos (cañas de bambú, bandadas de pájaros) y sutiles teclas que se deslizan en un RHODE que poco a poco pierde ese componente casi electrónico para entrar de lleno en ese campo donde los sonidos comienzan a convertirse en suaves y dulces arrullos.



FEEL se funde con las cascadas con que el tema anterior se pierde y lentamente emulando el cantar de unas pájaros entran unos sonidos de sintetizador que empieza a mantener ese tono relajado, como si estuviésemos sentadxs en el jardín más hermoso del mundo. SHEEP mantiene esa sensación de movimiento de los temas anteriores, pero ya se empieza a notar un acercamiento más melódico y envolvente por parte de los teclados. El tramo concerniente a SLEEP y GREEN nos somete a un escenario nocturno, apacible, aunque un poco más melancólico si se quiere. Yoshimura prefiere las escalas pentatónicas por lo que en gran parte del álbum puede desplegar una emocionalidad calmada, pero consistente.

Pese a estas reminiscencias, Yoshimura aclaró que Green no hace tanta relación al color si no a la palabra en si, su fonética y su significación semántica en conjunto con todos los otros títulos (originalmente presentados en ingles) de esta forma buscando una suerte de sinestesia permitiéndonos escuchar un color y evocar imágenes de quietud sobre el: “GREEN no se refiere específicamente a un color. Me gusta la palabra por su calidad fonética, y los títulos de las canciones fueron elegidos por sus características lingüísticas similares. Espero que esta música transmita el cómodo paisaje del ciclo natural conocido como GREEN”



Mediante secuencias digitales y la magia de un Yamaha DX7 STREET nos sitúa en un paraíso virtual alejado de cualquier problemática y preocupación, la hermosura y fidelidad con que este tema transmite una sensación de desapego es un logro no muchas veces escuchado en ejercicios de este estilo donde se intenta siempre sobreponer la experimentación, es cierto Yoshimura experimentó nuevas fórmulas de composición para llevar a cabo una idea que tenía más que ver con lo fonético, pero simplemente un tema como STREET con esos oleajes, esos zumbidos, es imposible no sentirse llegar a una isla mágica. El cierre con TEVEE evoca un continuo juego de teclas y melodías que se combinan con unas olas que van y vienen perdiéndose en una inmensidad. Sin duda una música que de alguna manera conecta bastante bien con la situación pandémica que nos toco vivir, una música necesaria para cualquier cuarentena que de alguna manera nos recalibra con el mundo sonoro que nos rodea en un contexto donde e detuvo el tráfico compulsivo del sistema, las aves volvieron a entonar más fuerte que nunca su canto y el viento volvió a sentirse más musical.-

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