sábado, 27 de marzo de 2021

100 discos para mis treinta: #45 La máquina de hacer pájaros - Películas (1977)


Sin dudas Charly García es uno de los más importantes artificies del rock latinoamericano, mucha gente debatirá si acaso su momento más fulguroso se dio en su etapa solista de fines de los ochenta o junto a Seru Giran. Me sorprende que aún hoy una banda tan rompe esquemas para su época como lo es La máquina de hacer pájaros se encuentre en una posición más anecdótica, tal vez porque sugiere una suerte de paréntesis en la carrera de García luego de su paso por dos bandas tan icónicas para el rock argentino como Sui Generis y Seru Giran.


Los YES del subdesarrollo



Una vez Sui Generis se separó, Charly García admitió pasar por un periodo de ansiedad y turbulencia, tenía ganas de armar un nuevo proyecto, ya mucho menos cercano al folclor y que supiese conectar con la movida del rock progresivo que durante los setenta parecía haber conquistado al mundo dándole ese estatus medio serio e intelectual al rock. Sui Generis ya venían tanteando toda esta onda en su disco Pequeñas anécdotas sobre las instituciones Luego de una juntada tan bombástica como lo fue el proyecto de un disco PorSuiGieco una reunión entre Luis Gieco, Sui Generis, Raúl Porchetto y María Rosa Yorio, Garcia estaba cada vez más seguro de querer llevar a su nivel la música progresiva de ese entonces cuyos exponentes (y posteriores influencias) podían encontrarse en bandas como Genesis o Yes, especialmente esta ultima con la enorme figura del tecladista Rick Wakeman, le dio el empuje a Charly para probar una estética musical que hasta ese entonces era medio inédita para ese joven bosque de rock que se estaba formando en Latinoamérica.

Con la férrea idea de estrenar una banda y no una carrera solista, en 1975 Charly se reunió con Oscar Moro, ex baterista de la emblemática banda Los Gatos y también de Color Humano, luego adhirieron a José Luis Fernández, bajista de la banda progresiva Crucis que dejo aquel proyecto por seguir éste. Más tarde se les uniría un entusiasta Gustavo Bazterrica como guitarrista, un fanático de la música de estos titanes y que después de un concierto se les acercó para querer formar parte de la banda (sí, antes el trato con los súper artistas parece que era distinto) Bazterrica formaría en los ochenta otro grupo emblemático para la cultura Argentina Los Abuelos de la nada. La Maquina fue culminada con la llegada de Carlos Cutaia en los teclados, quien había formado parte de otra super banda junto a Spineta llamado Pescado Rabioso.

Grandes músicos, grandes ideas y mucha pasión. Pese a que García esperaba que la Maquina funcionase más en una dinámica de grupo, para su primer disco el compuso casi todo el material (mucho de ello venía desde los tiempos de Sui Generis) y aunque la gente recibió con entusiasmo esta propuesta, ver a Charly con dos teclados sobre el escenario como si fuese un ovni y además de eso Cutaia con otro teclado más, distancio a los fervientes más inclinados por el costado folclore de Charly, de esta manera, pese al espaldarazo que recibía por un lado, por otro el publico general parecía no tomar muy en cuenta al grupo al considerarlo una música muy excéntrica.

El contexto tampoco ayudó, luego del censurador y tenso gobierno de Isabel Perón, las fuerzas militares tomaron posesión del poder e instauraron la dictadura militar entre los años 1976 y 1983, ocho terroríficos años en la que se llevo a cabo desapariciones y torturas sistemáticas, así como un clima de violenta represión. Por mala suerte la coincidencia hizo que el desarrollo de este grupo coexistiera con esos primeros años y aunque Charly ya se las había topado con la censura en cuanto a letras, la situación sociopolítica lo obligo a ser mucho más ingenioso en cuanto a su despliegue poético, de alguna manera aquí nace ese letrista irónico, provocador, pero simpático siempre.



En 1977 la banda lanza su segundo disco que ha sido catalogado por la revista Rolling Stone como uno de los discos más importantes de Latinoamérica ubicándolo en el puesto número 77. Actualmente la popularidad de este disco ha tenido un poco más de justicia, aunque aún sigue siendo un tanto opacado por los éxitos del cancionero más popular del bigote bicolor, quizás eso se debe a que este también el último trabajo de la banda, que se disolvió unos meses después del estreno de este trabajo, quizás por las mismas circunstancias sociales a las que se enfrentaban aunque también con un García no muy satisfecho del trabajo de equipo generado (pese a que este disco contiene composiciones de todos) y argumentando que desde ese momento prefería hacer música que le mande el corazón, no la cabeza. En cierto modo, La Maquina es una de esas bandas tan pulcras, de excelente sonido, producción, que es obvio que no daba margen a error y quizás eso encrespó un poco los genios (de por si siempre alterados) de Charly, pero al menos quedo este precioso baluarte que es hora de revisar.

Un grito de apoyo bastante snob



La mezcla de jazz, rock, sinfónica, progresivo e incluso candombe, hace de este disco un combo muy superior a muchas cosas que por ese momento se estaban probando, es cierto que el rock progresivo empezaba a cambiar su forma ya para finales de los setenta y esa onda tan lisérgica empezaba a dar paso a elaboraciones más técnicas. La Maquina respeta este principio y con una prolijidad bastante acojonante son capaces de producir ocho canciones que deleitan especialmente a aquellxs amantes del rock progresivo, estilo que para esos años también comenzaba a morir en Argentina con sus principales exponentes en grupos como Crucis o Alas.

De alguna manera Películas consigue repasar con maestría un panorama y a la vez una fuerte sinopsis de lo que el rock progresivo hasta ese momento era y podía ser. Ciertamente sí volvimos a escuchar a un Charly Garcia tan técnico en sus arreglos y formas, sería casi un sello marcado del compositor, pero en la Maquina se siente un aire mucho más refinado, incluso snob en algún punto y es que Garcia quería transmitir las posibilidades de este tipo de música, pero no de una forma hermética, bien dicho está la descripción que él mismo hizo “Somos los YES del subdesarrollo”



Con una fantástica portada que muestra a la banda saliendo de una función de cine de una película titulada “Trama macabra” se dejaba entender que este disco no perdía la sintonía con lo que estaba pasando en el país en ese momento, siempre mediante guiños y códigos ambiguos, el disco irá dejando más de algún mensaje de aguante ante la situación que todoxs

sobrellevaban con pesadumbre. La mágica Obertura 777 composición escrita por los cinco miembros nos lleva a esos sonidos más cercanos al rock art Europeo de Camel dejando entre ver unas mixturas con el jazz, lo progresivo y algo de música clásica, de hecho las guitarras mantienen un sonido bastante funk que en lo personal me recuerdan los trabajos del compositor francés Pierre Bachelet. Una introducción glamorosa, refinada, en donde cada instrumento se luce dentro de las capacidades del sonido y se puede notar una agradable amalgama en los teclados. Marilyn, La Cenicienta Y Las Mujeres arranca con un guiño a Somewhere over the rainbow del clásico del séptimo arte El mago de Oz. Acá ya se puede notar la dirección de García quien luego replicaría el estilo de este canción en algunos temas de Sui Generis y de hecho el leitmotiv del coro ya había sido ocupado en el disco Pequeñas anécdotas…en la canción Tango en segunda, y luego también sería ocupado en canción La grasa de las capitales de Seru Giran. Los coros finales y los teclados tan cercanos a YES hacen de esta canción una maravilla que nunca me canso de escuchar.



No te dejes desanimar abre con unos pianos de estilo barroco que se va decantando lentamente por un tranquilo rock llena de armonías vocales y cambios de ritmo. Se podría decir que es el tema más pop del grupo o al menos el que esta escrito más cercano a esa idea, aunque recuerdo bastante al Genesis más pastoril. La letra esta pensada como un himno de aguante ante la situación que muchos jóvenes estaban viviendo en relación a la dictadura, básicamente una canción de vibra positiva. Otra grandeza llega con la estilizada Que Se Puede Hacer Salvo Ver Películas compuesta por Carlos Cutaía y letras de García quien como una continuación temática del tema anterior, habla en cierto código que muy poco más se puede hacer con el país tomado por militares. La canción de una vibra singularmente francesa mantiene un ambiente de jazz aunque luego desemboca en un frentico rock progresivo que recuerda la primera etapa de los canadienses Rush así como el costado más progresivo del grupo brasileño Os Mutantes, de quienes ya nombre en esta lista y puedes revisar su reseña aquí.

Hipercandome es otra genialidad que mezcla mambo, rock progresivo e incluso insinuaciones a la electrónica. Tanto la música y la letra corren por parte de García y acá se puede vislumbrar un costado más irónico, humorístico en un relato descarnado que grita “ya no hay más esperanza en la ciudad” quizás una de los momentos mejor logrados de un disco que sólo va subiendo su calidad a medida que avanza. El vendedor de las chicas de plástico  mantiene esas letras irónicas que develan una crítica a la moral machista de la Argentina de ese tiempo y que tanto no ha cambiado, en relación al “conchacentrismo” imperante en la cabeza de tantos varones. La música sigue ese estilo propio de YES con unos teclados preponderantes y ambientes cambiantes, pero siempre en una deliciosa y glamorosa línea en donde vale destacar el papel de un bajo tan efusivo y que le da una consistencia realmente apropiada a todo el soporte melódico.



Ruta Perdedora recuerda también a Genesis y Focus, dividida en dos secciones, una sugestiva y lenta llena de melancolía que conecta muy bien con la última etapa de Sui Generis y los primeros trabajos de Seru, pero luego explotar en un aire mucho más progresivo y duro. El final llega con En las calles de Costa Rica compuesta por Gustavo Bazterrica se trata de un cierre instrumental en que la guitarra consigue mayor protagonismo llegando a un punto de fusión entre rock y jazz con un solo donde se hace un guiño a la canción Romantic Warrior de Al di Meola. Ese tipo de bandas progresivas setenteras que invadían sus discos con canciones hibridas, complejas y bastante pretensiosas. En el caso de La Máquina, la pretensión queda algo oculta por la soltura e ironía con que Charly lleva adelante los temas, por lo que en ningún momento se siente un disco pesado de afrontar, pese al virtuosismo y calidad excepcional de la técnica de cada uno. Para ser el fin de una breve carrera Películas llama bastante la atención por su gran calidad y sobre todo delicioso ambiente, sin duda un disco, pese a su carácter no tan popular, que aún sigue elevando bastante el sitial de Charly García en el mundo de la música.-

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