jueves, 15 de abril de 2021

100 discos para mis treinta: #42 Modest Mouse – Good News for People Who Love Bad News (2004)



En esta lista que ido avanzando, realmente me he preocupado por consignar aquellos discos que de algún modo me han acompañado y marcado en diferentes etapas de mi vida hasta ahora. Por lo mismo no encontrarán discos perfectos o aquellos más vendidos o consagrados por la crítica, bueno, al menos no en todos los lugares ya que en el número 42 de esta lista toco el turno de hablar de una de las mejores producciones realizadas por una de las bandas de indie rock más infravaloradas dentro de la escena, pero que gracias a este preciso trabajo consiguió hacerme amar el indie.


La banda del bajo perfil golpea la mesa



Modest Mouse es una banda Estadounidense que nació en los noventa y estuvo por muchos años remándola en el mar más sofocante del indie, ni siquiera grupos como Yo la tengo o Flaming Lips tuvieron que remarla tanto para conseguir el reconocimiento que esquivamente les fue dado a estos muchachos. Pese a que el grupo tiene un amplio catálogo de discos (entre EP´s, bootlegs oficiales, recopilatorios) durante su etapa noventera, el gran golpe de efecto y gracia llegó con este  Good News for People Who Love Bad News trabajo que les dio muchísima notoriedad y que la mayoría de lxs fans consideran un punto y aparte dentro de su basta discografía.

El disco lo conocí durante 2007, aquellas tardes de largas navegaciones en cyber cafes buscando música nueva en blogs o foros, y de la cantidad de música que descargaba sin darle demasiada bola llegue por casualidad a este trabajo, aunque realmente no fue tan casualidad, antes recuerdo haber visto en youtube un video que decía Mike Patton feat Modest Mouse. Como fanático iracundo del engominado me apresure a clickear para deleitarme con una cooperación musical que no conocía y en realidad lo que encontré fue un video con imágenes del videclip oficial de “stripsearch” de Faith No More sólo que con la velocidad relantizada y una canción que yo desconocía de fondo.



El propósito de ese video nunca lo supe, lo volví a buscar ahora que escribo esta reseña, pero ya no lo encontré, de todos modos aquella canción me encanto, por supuesto Mike Patton no tenía nada que ver con el tema el cual se trataba de “The Wolrd at large”, inmediatamente busque el grupo y encontré una pagina en donde únicamente estaba disponible para bajar este disco. Aún así el entusiasmo no fue inmediato y tarde unas semanas en escuchar el disco, y creo que fue el tiempo indicado ya que sonó por primera vez una tarde mientras escribía la que sería mi primera novela. Reconocí a “The world at large” y no le di tanta importancia, pero el resto de canciones me poso en un mundo tan propio y único, por muchas semanas cada vez que escribía aquella música fue la que siempre me acompaño y ahora que vuelvo a escucharlo puedo confirmarlo, es un disco perfecto para escuchar mientras se escribe, de hecho, de alguna manera el disco me remite a un imaginario de los años veinte, absurdo, disparatado, pintoresco, que acompaña bien el paseo sin que perturbe tus ideas.

Modes Mouse es la banda intima que sólo le recomiendas a la gente que siente una conexión un poco más especial con la música. Es cierto, a grandes rasgos es simple rock con muchos ecos del britpop más Oasis o James, pero ese color de voz tan natural del vocalista y principal compositor de la banda Isaac Brock y ese ambiente tan acido y al mismo sobrecogedor que consiguen con su estilo en donde convergen ecos de los más lucidos Wilco así como el sentimiento más visceral de artistas como Daniel Johnson hacen que el grupo brille mucho más por su esencia que una ultra original su propia propuesta musical, que de paso, no esta nada de mal y que con cada disco se ha ido puliendo aunque por alguna razón, este disco estableció el verdadero norte, luego de llevar por años el rotulo de música para carretera (ya sabe, ese rock tranquilo y medio poético) con este trabajo Brooke y compañía pudieron darle una vibra mucho más refrescante al panorama del rock alternativo gringo.



Pese a ser oriundos de un gran y vistoso estado, (Washington) los Modest Mouse tienen espíritu de banda de pueblo, incluso de esos que están muy en la profundidad de Estados Unidos y más interesados por el sabor local y de rescatar anécdotas e historias de esas personas más anónimas, por lo que su sonido más que parecer a algo urbano o cosmopolita tipo The Strokes o Arcade Fire, gozan de un toque mucho más folclórico, pero igualmente sucio y macarra. De todos modos sería absurdo intentar aislar la música de Modest Mouse de la importancia estética de sus letras que consiguen darle ese tono de genios fracasados a todos los protagonistas de cada canción. En ese sentido, el mencionado Isaac Brooke encarna un poco esa imagen del perdedor cabreada que ya no tiene nada más que perder y por lo mismo sigue intentando, una especie de antihéroe a fin de cuentas. Ha tenido que enfrentarse a falsas acusaciones de violación, a la pérdida de amigos, al colapso personal, al alcohol, a peleas en el grupo, problemas en la grabación. Al final Brooke consiguió dar el golpe sobre la mesa y darle un sentido artístico y estético a toda esa frustración y miseria. Sólo por ello creo que esta es una banda que sólo puede llegar a quienes quieran recibirla de manera personal, no porque sus canciones no tengan potencial de super hits, de hecho, en este disco revisaremos varios, sino más bien, porque a fin de cuentas es música que cobra mayor relevancia cuando la escuchas en soledad.

Buenas noticias para los amargados



Ser un viejo gruñón sin ganas de complacer en nada al mundo encarna un poco la imagen que las distintas canciones de este disco van exponiendo. Todo comienza con el exuberante intro de “Horn” que como un despertador trayéndonos del sueño a la asquerosa realidad, arremete con unos sendos sonidos de viento. Luego la rutina odiosa de volver a activar en este mundo comienza: Levantarse, quizás estirar los músculos, darse una ducha, no pensar, mirarse al espejo, sentirse un poco más viejo y a pesar de todo intentar sonreir. La descripción mental que se me viene a la mente sobre el ritual de levantarse y afrontar la rutina es lo que veo cuando escucho la maravillosa balada “The World At largue” que años después sería medio choreada por los aparecidos Grizly Bear con su hit indie “Two Weaks” pero en el caso de los Modest Mouse el aura que las guitarras transmiten y esos coros tan ascendentes, hacen que el tema se escuche mucho más majestuoso que una simple canción de propaganda indie-alternativo-shuper consheptuals.

“Float no” se engancha de inmediato con el final de “The World at large” y aquí podemos gozar de una canción pegajosa y pop, pero de ese pop más indie tipo Pixies o los emo Sunny Day Real State, (con los que tanto se les comparaba). Es cierto que en ese sentido “Float on” rompe con esa línea media mística que ya estaba tornandose “The World at large”, pero su letra consigue hablar de la autosuperación sin caer en felonías y eso en un tema pop radial es muy curioso. De todos modos el tema que le sigue “The Ocean Breathes Salty” es el gran HIT del disco, algo cansina al rato, pero sí es un temon de buen rock alternativo. Lo experimental sigue ahora:



Luego de un breve interludio lleno de mandolinas y otros instrumentos algo campiranos, entra de lleno la explosiva  “Bury Me With It” tema con una línea de bajo preponderante y un extasiado canto de Brooke en donde sus preocupaciones ya dejan en claro que están lejos de querer simplemente clavar una tonta canción de amor, lo que no tiene nada de malo por supuesto, pero en su momento de mayor auge, lo que Brooke más habla en entrevistas tenía que ver con temas como el demonio y la metafísica, por cierto el tema consigue volver a un interludio de lo más Pixies y Husker Du que podamos haber escuchado.



La caótica “Dance Hall” rinde tributo al brit pop y nuevamente los exuberantes gritos de Brooke dibujan una letra gloriosa. Lo que sigue luego es “Bukowsky”, con un toque country, debido al banjo agregado, es una de mis canciones favoritas de la vida, más allá de la obvia referencia, el tema consigue de algún modo representarnos a la perfección la imagen de un viejo borracho, misógino que en algún momento brilló por su talento, pero que igualmente, se rehúsa a estar acabada y a partir de sus propias frustraciones sigue haciéndose notar. Sí créanme que siempre imagino y percibo eso cuando escucho esta canción que es todo un homenaje/parodia al escritor de “Erecciones, exhibiciones y eyaculaciones”

En “This Devil´s Workday”, encontramos la colaboración de Dirty Dozen Brass Band, desapareciendo así los músicos del grupo, y dando paso a la agrupación de viento y cuerda, continuando un poco con esa tónica de banda de cabaret, Brooke canta imitando al mismismo Tom Waits, otra referencia del fracaso bien llevado. Este sonido de “sabor añejo” se repite luego en “Satin In a Coffin” aunque con matices mucho más rudos, convirtiéndose de pronto en una banda de country.



“The view” muestra un ritmo más bailable y que tiene mucha semejanza al sonido de aquel laureado primer disco de BLOC PARTY, aunque por supuesto con una batería más discreta. EL “Interlude (Milo)” anuncia con un acordeón el comienzo del final que abre con la preciosa balada  “Blame It On The Tetons” sobrecogedora, te hace sentir que cuando la escuchas estás en una cabaña frente a una chimenea ardiendo, mientras afuera el mundo comienza una nueva era de glaciación por culpa del cambio climático, bueno, quizás no es una canción tan alentadora de escuchar ahora con la pandemia, pero es otro punto altísimo del disco. “Black Cadillac” recuerda mucho más a sus trabajos anteriores, incluso tiene una breve reminiscencia a otra de sus grandes canciones “Dramamine” pero luego el tema muta a una tonada más punk cercana a The Clash. “One chance” regresa un poco a la vibra de “Float on” recordando nuevamente un poco a los Pixies más poperos, de algún modo es el tema que menos destaca en el trabajo, pero esto quizás también se debe a que el final “The Good Times Are Killing Me” - remezclado por “Wayne Coine” de Flaming Lips – es un tema muy impactante que de alguna manera se volvería a repetir en su formula con otro tema grandioso que lanzarían años después llamado “Spitting venom”, en el caso de “The Good Times Are Killing Me” mantiene esa estructura ya escuchada en todo el disco. Isaac arremete con su voz variopinta para luego darle pie a una orquestación sublime que va variando inteligentemente cada momento del tema, en este caso, con un nivel de producción bastante lisérgico de la mano de Coine, el tema bajo esa estructura consigue convertirse en algo mucho más bombástico y que definitivamente cierra con broche de oro la experiencia de este trabajo.



Este disco consigue ser realmente bello y muy adictivo, sin duda con este trabajo la banda consiguió la notoriedad que se merecían estampando un cancionero que logra transmitir sensaciones de agobia y esperanza por igual. Una maravilla.-


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