martes, 20 de agosto de 2019

Otro reboot más




La infancia de cualquiera que haya nacido a principios de los noventas, vuelve a florecer. Este mes Netflix estrenó dos capítulos especiales que marcan el regreso de dos de series  emblemáticas: “La vida moderna de Rocko” e “Invazor Zim” ¿Cuántos ciclos más quedan por cerrar en nuestra vida”

 

El cambio es lo único que no cambia



“La vida moderna de Rocko” creada por Joe Murray, fue una de las primeras producciones independientes del canal Nickelodeon por ahí en el año 1993.  Aunque la caricatura tuvo éxito en su momento, el paso del tiempo le sentó bastante bien y a día de hoy se le considera una serie de culto, más allá de que su animación iba muy en el tono de las caricaturas de aquellas épocas, es decir, no hizo nada muy transgresor.

Quizás la gracia de Rocko, fuera de su estética vistosa,  su comedia absurda y su animación espasmódica, está en que no es una obra cerrada, aún tenía cosas por decir. Eso sumado a que envejeció bastante bien al punto de que al redescubrírsele, se le aprecia con más cariño. Todo eso hace que un reboot sea la mejor opción para un regreso. ¿Por qué? Porque un reboot (que en este caso, en realidad es una especie de cierre a una serie de los noventa) es lo más indicado para conectar con el núcleo de fans más seducidos por la nostalgia. 

Sabemos que el consumo de nostalgia de diversas formas, es actualmente uno de los baluartes por excelencia dentro del mercado cultural del entretenimiento. La reutilización, lo chic, lo retro, todo aquello que se recicla y vitaliza de un cargado significado que originalmente perdió, continúa facturando de un modo estupendo. Cuando se anunció el regreso de Rocko, esto ya venía de una movida comercial de Nickelodeon, en la  que buscaba reposicionar viejas glorias, primero a través de un canal secundario especialmente dedicado a transmitir esos shows, luego por medio de mercadería y ropa como camisetas con diseños a los personajes, juguetes coleccionables y toda clase de productos que aludían a aquellos programas, Nickelodeon re comercializó y noto la rentabilidad tacita que aún despertaban estas retro-manías. Y entonces fue el momento de dar el paso más esperado, el regreso animado de tres de las series más emblemáticas: Hey Arnold, La vida Moderna de Rocko e Invazor Zim.

Mientras que la primera se estrenó en 2017 y sirvió como un digno final para las Aventuras del cabeza de balón. Rocko's Modern Life: Static Cling, se estrenó este año y conserva la mayoría de los elementos con los que se volvió un clásico tanto en su animación como en su humor ácido e irreverente.

El estilo satírico del especial desentona mucho con la programación actual de Nickelodeon, lo que se traduce a que en definitiva: “La vida moderna de Rocko” es un show que no se entenderá en las nuevas generaciones. O mejor dicho, no se entenderá en la idea bobalicona que tiene Nickelodeon sobre las nuevas generaciones. Como sea, la alianza con Netflix hizo posible este estreno, ¿de qué va?

Luego de años de vagar por el espacio (lo que acontece en el último capítulo transmitido originalmente en la serie) Rocko y sus amigos logran volver a la tierra, pero esta vez en el año 2019. Para Rocko los cambios de esta nueva vida moderna lo dejan abrumado y lo peor es que su programa favorito ha sido cancelado, motivo que los hace decidir a buscar al creador de la serie y exigirle que haga un reboot.

A grandes rasgos el eje principal de la trama esta puesto allí. Directamente una meta burla a todo lo que hemos venido explicando. Incluso hay chistes que están sutilmente colocados para ironizar-criticar a los fans y sus comportamientos salvajes. Hasta aquí podemos entender, desde la perspectiva de Rocko, que los cambios y el aferrarse a la nostalgia pueden ser sinónimo de dos cosas: apabullamiento y neurosis por no aceptar la realidad. Este asunto de cómo han cambiado las cosas se entiende en un primer momento como algo negativo: los inventos actuales son a todas luces una burla a las reales necesidades de la capacidad humana, sin embargo, crean tendencia: los últimos modelos del Iphon, las bebidas energizantes, la fascinación por la exposición de las redes sociales. Hasta ese punto parece fácil entender a Rocko, al igual que él somos hijxs de la nostalgia, lo único que queremos es conservar el cada vez más desgastado cofre de la niñez edulcorada que gran parte de la clase media-baja del mundo urbanizado experimentó y que se traduce mayormente en, caricaturas televisivas.



Pero luego el cambio aparece con otro componente. Resulta que Raplh, el creador del programa favorito de Rocko, experimento una transición y ahora es Rachel. Este cambio, es tratado inmediatamente por Rocko y sus amigos de una manera mucho menos artificial que los cambios tecnológicos, los tres amigos aceptan de inmediato esta situación, entendiendo que respetar la decisión de la otra persona es lo más normal del mundo. Y es aquí donde comienzan a esgrimirse uno que otro problema dentro del especial. Aunque valoro la inclusión de Rachel como personaje trans y su forma de presentarse abiertamente simple y fuera de todo doble sentido, me parece que su temática no es abordada lo suficientemente bien, sino que para efectos de la trama se ve muchísimo más parcelada con el objetivo de generar el sentido final con mayor intencionalidad: La idea de que no podemos vivir en la nostalgia, hay que habitar el presente y disfrutarlo.

Finalmente nos dicen que hay que aceptar los cambios. El gran segundo nudo, o el segundo conflicto que este especial presenta dentro de su trama es con respecto al personaje de Ed Cabezagrande negando el hecho de que su hijo ha cambiado de genero. Situación que supera rápidamente al darse cuenta que no importa como su hijx quiera ser, lo que importa es lo que sigue sintiendo por dentro. Esto hace recapacitar a Ed que los cambios no importan ya que son inevitables, lo esencial es la experiencia que se obtiene de ellos. Quizás la idea es justamente enfocar la perspectiva de los cambios desde otro prisma, no que necesariamente los cambios sean buenos o malos, en cuanto la nostalgia y el pasado son elementos que nos sirven para recordar continuamente quienes fuimos y junto a ello todos los anhelos que nos potenciaban.



Este especial de Rocko le habla a los fans tanto desde un tono satírico así como desde uno mucho más referencial. Pero lo que en su discurso parece claro, en su animación sigue bastante conservadora. El especial respetó casi al máximo el diseño clásico de aquellas caricaturas que se dibujaban a mano, tratando de replicar en este caso los trazos alocados y desgarbados. Incluso realizando una balacera crítica a las condiciones de trabajo de los animadores, las políticas despiadadas de bajo costo de las grandes empresas de animación, la precarización laboral y los monopolios capitalistas…aun así el especial respeta su sentido auratico y mantiene los colores y las formas con las que todxs crecimos. Nuevamente no se atreve a optar por algo nuevo, así como sí lo hizo la película de Hey Arnold.

Aquí no pasó nada




“Invazor Zim: El poder del Florpus” mantiene estas mismas cuestiones de forma y fondo. La serie, creada por Jhonen Vazquez, estrenada al mundo en 2001 y cancelada abruptamente el 2006 por manejar temáticas grotescas, regresa bajo un concepto parecido al que apuntaba el especial de Rocko. Darle al fan lo que quiere: Grandes momentos, esperados momentos, básicamente condensar una historia que englobe todos los aspectos reconocibles e identificables de Invazor Zim. En este caso no tenemos una historia satírica que interpele al espectador, Invazor Zim funciona como una historia más del show, con un final auto conclusivo y que mantiene las cosas en un status quo, salvo un pequeño detalle que no revelare porque…spoiler.


Podemos decir que en este caso el trasfondo juega con una nostalgia que no se engaña ni intenta dictar sentencias sobre que significa el sentido de que las cosas cambian. Al contrario, en Invazor Zim, todo sigue exactamente igual a como lo dejamos hace trece años, incluso el especial se burla sutilmente de aquello dejando ver que tanto Dib como Zim han estado escondidos todo ese tiempo el uno del otro, y simplemente por eso no ha habido más aventuras. Luego tenemos elementos que apelan directamente a cuestionar dentro de la trama los conceptos de la confianza y legitimidad, temáticas que hacen que sea, en este caso, Dib el protagonista indiscutible del especial. Dib se presentó desde un comienzo como el antagonista de nuestro protagonista, Zim, pero en este especial el enfoque esta puesto mayormente en él y Zim se convierte por primera vez en un verdadero antagonista, pero más allá de eso, en un antagonista cliché. Mientras que Dib pasa a tomar una profundidad y madurez considerable. Dib esta irremediablemente destinado al cambio, y ese cambio lo logra por medio del sufrimiento, de la derrota, del esfuerzo. Mientras que Zim, es necio, y no experimenta el cambio porque niega que exista uno como tal. Para él las cosas siguen tan igual como siempre, no aprende nada, no avanza nada y simplemente termina relegado a la condición de personaje clásico que ya no puede proyectar un cambio estructural en su personalidad, algo así como Goku. Justamente Zim, el alienígena es quien no entiende, ni le interesa entender que los cambios existen y tienen consecuencias. 


 
La nostalgia seguirá abarcando espectadorxs cuyos ciclos de cambio dentro de la vida parecen caer rendidos ante la posibilidad de una fuga a la estaticidad del pasado.-

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