Se acerca la primavera
y trae (además de alergias típicas) la obsesión de tantxs por verse “saludables”
según los parámetros heteronormados del mercado de los cuerpos. Chicas
matándose en el gimnasio y gastando todo su dinero en centros de estéticas,
masajes linfáticos, dietas de mierda…y por supuesto los hombres también se
ponen a régimen, hacen pesas para luir un torso prominente que les marque sus
músculos y así no se deshagan en una barriga abrázale. Y mientras escribo esto
observo mi panza y veo que ya se asoman los rollitos que nunca en la vida me
pude sacar y que parecen cada año expresar con más decisión que nunca “olvídalo
hueon, aquí nos quedamos”, pero tampoco es un tema que me atormente el sueño,
sin embargo, sí tengo mi vanidad y acepto que hago ejercicio casi todos los
días, pero no en el gimnasio, de hecho odio los gimnasios y el roce social de
mierda que conlleva tener que estar en uno, esperando a que un pelotudo termine
de ocupar tal máquina de ejercicios o siquiera no poder permitirse el cansancio
porque el resto te va a estar juzgando silenciosamente, una mierda. No, yo lo
que hago es salir a trotar (que de paso es algo que tiene muchas
contraindicaciones según los expertos) andar en bici y hacer una horita o menos
de ejercicio cada mañana mediante la inamovible instrucción de los youtubers entrenadores.
