miércoles, 22 de septiembre de 2021

100 Discos para mis treinta: #23 Sade - Love Deluxe (1992)


Volviendo a aquellos ejemplos musicales que resuenan en mi más temprana infancia por influencia directa de mis padres (así como pasó con el disco de Carole King) no puedo obviar, por fuera de tanta música que llegó a mis inocentes oídos durante esos años, que este disco en particular perduró mucho en el soundtrack de la casa y casi de rebote siguió siendo una música que continúe reproduciendo para quehaceres domésticos. Tal vez por su magnetismo, su sensualidad, su exotismo o su suave e irresistible soul que aliviana las pasiones es que  Sade fue una voz que me ha seguido acompañando, especialmente con este disco lleno de hitazos.

Flotar como una pluma 




Recuerdo las tardes de 1998 cuando hacíamos el aseo en el departamento en que vivíamos y mi papá estrenando su equipo de música SONY dejaba corriendo este compacto que se había comprado como oferta en alguna Feria del Disco. Para esas alturas Sade no era banda poco conocida, es más, ya habían tocado la gloria, destacando especialmente por la elegancia y docilidad en la voz de su cantante Helen Folasade Adu (aka Sade Adu) siendo esos casos donde la vocalista por su técnica y desplante (y en este caso por qué no decirlo, también estampa) se come a la banda entera, paso con No Doubt y también con Blondie, por ejemplo, aunque en este caso, el talento y la química estaba muy bien repartida entre el resto de los integrantes.

De madre británica y Padre Nigeriano, el camino de Helen iba dirigido al mundo de la moda, corte no le faltaba, no obstante, gracias a la insistencia de algunos amigos que la convencieron de ser la vocalista de una banda con aires latinos llamada Arriba, que Helen poco a poco fue apasionándose más por la composición musical hasta que esa banda termino llamándose SADE y en 1992 consiguieron lanzar su cuarto disco con el que se legitimaron gracias a la buena resonancia que obtuvieron ya que muchas canciones se colaron muy bien en los charts de popularidad dándole al soul un aire menos romántico y más exacerbadamente sensual, operación que aunque ahora nos parezca de perogrullo, hasta antes de este disco no se había logrado con tanta maestría.

"Love Deluxe" permaneció durante 90 semanas en las listas de los más vendidos y su canción "No ordinary love" fue parte de la película "Indecent Proposal" la cual narraba una erótica (bueno, ni tanto) tetra entre Robert Redford, Demi Moore y Woody Harelson. La película ha quedado como un clásico noventero, y su soundtrack sintetiza muy bien el ambiente que intenta transmitir, siendo ese tipo de canciones que finalmente se vuelven casi atemporales. Era la época de revitalizar cierta sensualidad lujuriosa, Madona (aunque con más polémica que éxito) había lanzado "Erotica" y bandas ochenteras como Black o Duran Duran mantenían un rock que orbitaba más entre el deseo y el desamor que en el romanticismo excelso que se vivió en los ochentas. 

¿Por qué a mi Papá le gustaba tanto este disco? La primera respuesta risueña que tengo es que quizás le calentaba esta música tan sugestiva, pero creo que realmente era una música relajante, hogareña, o mejor dicho intima, pero que igualmente podía sonar de fondo en una situación casual. Era sensual sin ser estrafalariamente sexy, era una música que podía encajar bien con el paso de la tarde a la noche. En todo caso, esas son las sensaciones que tengo yo cada vez que aprecio el disco, raramente me siento a escucharlo, lo dejo correr mientras hago el aseo o cocino, y a veces tal vez uno que otro tema para cuando llega la hora del garche, pero realmente, fuera del contexto casi obvio en que este trabajo se barnizó, es un disco que tiene una potencia musical exquisita y no defrauda a la hora de darse un relajo, es una música que en algún sentido evoca la sensación de estar en el mejor SPA del mundo. Sin Sade artistas como Erykah Badu (en su propio estilo) o más actuales como Solange no tendrían una referencia más clara para expresarse con esa calidad dentro del panorama del soul, el R&B y el jazz-pop.

Una tormenta de deseos y dolor




A mediados de la década de 1980, surgió un nuevo tipo de jazz-pop en el Reino Unido, compuesto principalmente por antiguos miembros de bandas de post-punk y new wave. Combinaron jazz, bossa nova, soul y algo de dub, lo que dio una química  elegante y optimista a su sonido. Inicialmente esta música se plasmó en discos de Working Week, Style Council, Everything But the Girl y por su puesto la banda que más éxito consiguió llevando adelante este hybrido de sonidos, Sade.

Durante las sesiones de su primer disco, Diamond Life, el grupo escuchaban a Gil Scott-Heron, Marvin Gaye y Nina Simone, tratando de sintetizar los sonidos de estos artistas en una melodía mucho más fluida. A menudo, la mezcla produciría nítidas escalas de soul, como "Your Love Is King", o pop-funk un poco más líquido como "Hang on to Your Love" con el tiempo la banda fue construyendo una atmosfera más delicada que recuerda en mucho ese sonido oscuro de bandas como Enigma, pero añadiéndole un componente mucho más emocional en sus acentos.



El arranque del disco con la estimulante "No ordinary Love" (que tiene un cover de lo más orgasmico de la mano de ¡DEFTONES!!) nos transporta a los escenarios de una porno softcore o mejor...de una película erótica, sugestiva, potente, pero no explicita, la banda sonora ideal para alguno de los cortos de Erika Lust. Pura abstracción, sensación que se mantiene gran parte del concepto del disco, en lo estrictamente musical la banda mantiene un dinamismo fluido, se siente en ese batido oceánico de la guitarra de Matthewman o en los sintetizadores de Hale, los cuales dotan el tema de un aura somnolienta que se potencian con la delicada y al mismo tiempo consistente voz de Adu. Para Matthewman el éxito del grupo esta claro, sin ser muy talentosxs en sus áreas según él) es la química lo que genera esas melodías tan sugestivas.

"Feel No Pain" le saca partido a la maquina de ritmos, elemento que ya habían usado antes en otros discos, pero sería la primera vez que lo mantendrían de manera completa en todas sus canciones. El tema se siente como un posible punto cercano al desarrollo paralelo que por esos años llevaba el trip hop de la mano de Massive Atack. "I couldn´t love you more" destaca en un plano más exótico para los estándares de la música occidental de ese tiempo. Se sienten más exploradas las raíces afrodescendientes en ritmos de percusión que remiten a conceptos más africanos con un piano de Hale que golpea acompasadamente la fluidez del tema hasta desembocar en un maravilloso solo de saxofón cortesía de Matthewman, y por supuesto la consistente lineal de bajo casi funk que se despacha Paul Denman. 



Las ideas latinas se refuerzan en "Like a Tatto" donde la voz de Adu expresa dolor, desolación y mantiene una vibra casi cómplice con quienes oímos su lamento.  Mientras que "Kiss of Life" tiene influencias mucho más cercanas al jazz de ejemplares como Path Metheney, pero nuevamente la interpretación, aunque en este caso lleva adelante una letra mucho más "alegre" se siente que se canta desde la soledad y el dolor.  "No es difícil encontrar el amor, lo difícil es mantenerlo" dijo alguna vez Ad


u y ese sentimiento parece mantenerse en temas que matizan una martirizada soledad, con el extraño placer de la nostalgia, hablo de la grandiosa
"Cherist the Day" tema que flota en una constante esencia de desolación donde incluso la guitarra parece lanzar su propio lamento.  Algo que se repite en "Bullet Proof Soul"  esta vez con el saxofón evocando fragilidad y humo de cigarro por todos los costados, un tema excelentemente bohemio. "Pearls" mantiene su sencillez aunque consigue puntos algo dramáticos con esa atmosfera cargada de melancolía. Finalmente el instrumental de "Mermaid"  concluye de la forma más apaciguante un viaje que pretende llevarnos más allá del horizonte. Aunque se siente mucho más ochentero que el resto del disco, es un cierre perfecto y cómodo para una expresa tormenta de deseos y dolor.-

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