Alguna vez encontré en
esos videos que cuelgan por Facebook a una chica que hacía música con su guitarra, batería y saxofón, todo lo
generaba ella sola mediante la manipulación de varias pedaleras,
amplificadores, loops y cajas de efectos. Conseguía armar melodías que se
repetían una sobre otras, generando bucles sonoros, convirtiéndose en una
verdadera woman orchestra, su ejecución era hipnótica. El talento innato para
sincronizar de forma tan acoplada todos los elementos que manejaba llamó mi
atención, la busqué por youtube y comencé a seguirla cuando no pasaba de ser
una tibia sensación de la red. Los años pasaron y esa chica con onda media hippie
a lo Tame Impala, creció y se convirtió en Tash Sultana, una de las artistas
noveles más excitantes que pueda ofrecer el rock introspectivo.
