El filósofo Paul B
Preciado propone hacer un blackout “frente a los satélites que nos vigilan” No
obstante la desconexión virtual parece imposible. Para nadie es un misterio que
mediante el tráfico virtual queda al descubierto sin ningún artificio el
control biopolitico. Nos repiten una y otra vez que nos quedemos en casa y dentro de esa consigna - en la que se
entremezclan miradas de vigilancia, precauciones sanitarias y por supuesto
oportunismo neoliberal - podemos afirmar que el shock de ruptura frente a la
cotidianidad es algo con lo que no sabemos lidiar adecuadamente. Cierta cordura
que estaba estacionada en la rutina ahora sólo depende de cómo y en qué medida
esa misma rutina pueda seguir manteniéndose a través de la virtualidad. En fin,
todo esto para decir que sí, mucha gente no soporta la cuarentena porque su
imaginario cotidiano es demasiado fuerte, a esa gente no le queda otra que
resguardar su normalidad por medio de los dispositivos electrónicos y
virtuales, y ahí es donde la música entra a jugar un papel que puede llegar a
ser de mierda.
